Il filo dei sogni

viernes 17 de febrero de 2012





Venezia è tessuta col filo dei sogni.
Ed io sempre devo inventare una scusa puerile per trovarla una volta di più.

Questa volta prometto di non piangere.
Prometto di non soffrire. No lo farò.
Ascolterò tutte le canzoni che ascoltavo e non mi faranno male.
Arriverò a la città come se fosse la prima volta.
Come se non fossi mai stata.

Perchè per ogni cosa c'è una volta, e questa è la volta di sfrutare.
Sará un bello erase and rewind.

Benvenuta. Sei già qui.



Always Look On The Bright Side of Life

lunes 13 de febrero de 2012



Yo sé, queridos amigos, que no parezco una persona seria, pero es que aún no habéis comprendido que no tengo ninguna intención de serlo. Nunca la he tenido, y menos ahora, que se va a acabar el mundo.
Un título de Master no me va a salvar, pero no obstante, yo estoy siendo muy feliz.
Tampoco me hará rica, pero pese a las dificultades y las pequeñas tragedias cotidianas, a dios pongo por testigo que nunca faltará aceite de oliva virgen en mi casa.
Lo otro son cutrerías.

Y también os diré que no pongo mis trabajos en redes sociales ni blogs porque la gente es maleducada y los birla sin permiso para usarlos como les parece.
Pero que este año, monto una exposición. A Trotski por testigo, carayo.




Ese pequeño placer que sigue a la sorpresa...

martes 17 de enero de 2012

...al descubrir que llevabas toda la vida equivocada pensando que no te gustaba el té Earl Grey.
Qué ignorancia la mía.

Esas son mis preocupaciones a día de hoy, dado que sigo en estado Zen.

Decisiones equivocadas

domingo 25 de diciembre de 2011



Llevo unos días con la idea de estudiar una segunda carrera por la UNED a partir del año que viene. No es tanta locura si tenemos en cuenta que se trata de una universidad a distancia (la propia palabra lo indica), y que podría ser fácilmente compaginable y muy enriquecedor si me decido a hacer el doctorado.
El problema de todo ello es que la segunda carrera que quiero estudiar se trata de filosofía.
Siempre me ha apetecido, sé que tengo muchos pájaros en la cabeza, y estaría bien terminar de sacarlos.
El otro día alguien muy cercano a mí me dijo que sería muy buena idea, teniendo en cuenta lo que me gusta darle vueltas al tarro y estudiar en las bibliotecas (soy muy fan de las bibliotecas de esta ciudad).
Y todo este follón viene montado porque me paso las mañanas allí metida buscando información para mi Trabajo Final de Master, que ya tiene título, es muy bonito y nadie lo entiende cuando lo digo.
Puede que sea una idea genial u otra pajarada.

Hoy en la comida navideña he cometido la insensatez de comentarlo, a sabiendas de que a nadie le iba a hacer ninguna gracia. Pero una es así de inocente y sigue creyendo en que la familia te apoyará en todas tus decisiones.
Y por supuesto, el comentario general ha sido "¿Y eso pa'qué?" (Léase en tono de horror, como si me hubiera dado por la brujería).
El razonamiento de por qué no debo hacerlo es el siguiente: me tengo que meter en el mercado de trabajo (¿¿en quée??) y porque eso no servía para nada.

Me lo han dicho después de que hubieran mantenido una apasionada conversación de sobremesa de cuarenta y cinco minutos de reloj sobre la vida marital de la Duquesa de Alba (por supuesto todos a la vez y a voces).

Yo me he ofendido muchísimo y me he ido a mi casa con la dignidad por delante.

No sé qué concepto de eficacia o utilidad tienen en casa, teniendo en cuenta la que está cayendo. Mi último trabajo fue de camarera. Estuvo muy bien, aprendí muchas cosas, pero no tener una motivación fuera era muy frustrante. Estoy a la espera de una beca del Ministerio, y si no me la conceden, tendré que volver a hacerlo, porque los ahorros se acaban.
No tengo carnet de conducir ni coche. Me muevo a pata, en metro y a veces en bici. No tengo casa propia, pago alquiler. No tengo smartphone. Me gasto mi dinero en vivir en Madrid y en cursos varios. Ahorro mucho dinero con los trabajos temporales para luego poder disfrutarlo poco a poco. Para mucha gente de mi alrededor es todo un fracaso, no tengo estabilidad alguna. Soy muy popular en conversaciones, pero nada de lo que hago "sirve" para nada.
Para más datos, mi hermano es músico. Pienso que mi familia debe de estar contentísima con nosotros, y más que en los tiempos que corren.

Yo sin embargo estoy bastante feliz. Mucho más que hace un año. Y sé que ya no volveré a ser igual que antes.

Pero bueno, tras esa larga y disparatada conversación, la Duquesa de Alba sigue siendo rica, y nosotros no. Eficiencia cero para vosotros también.

Cumplir años.

sábado 26 de noviembre de 2011


Salir de clase, empezar con una cañita.
Quien dice una dice dos.
Charla, risitas, Museo del Jamón. Saber que la has liado.
Necesitar algo en el estómago y renunciar a ello muy dignamente.
Decir que sí a todos los planes.
Acabar en otro barrio.
Pedir, pagar.
¿Cuánto he pagado?
Escribir mensajes en cheli y no recordarlo precisamente bien.
Bailar. Sí, bailar. Delante de gente.
Marearse. Respirar.
Fogonazo de dignidad y despedirse a la francesa.
Buscar la parada del búho, coger el búho, dormirse en el búho.
Demasiado entrenamiento a lo largo de una vida hace que no te saltes la parada.
Llegar a casa. Spaghettada. Arramplar en la cocina.
Descubrir que, pese a todo lo que llevas diciendo toda la noche, tenías hambre.
Ir a la cama sabiendo que vas a lamentar una salida de clase tan larga.
Off.
Despertar mucho antes de lo previsto. No querer morir, pero casi.
Preparar el desayuno de tu vida. Mucha vitamina C, café, tostadas.
Y de postre ibuprofeno.
Es sólo la falta de sueño. Nada más.
Ir al baño, mirarte al espejo y asustarte.
Aterrorizarte.
Sacar una mascarilla facial reafirmante, esperando que haga milagros.
Darte cuenta que hace no tanto te echabas una para el acné.
Y ser consciente que a estas alturas, las resacas ya nunca serán como antes.
Nunca más.
Y que volver a la Universidad a ciertas edades puede ser perjudicial para la salud.

Esto es hacerse mayor.

Los cuatro vientos de la Plaza.

lunes 12 de septiembre de 2011


¿Un paseíto hasta Plaza de España a las cuatro de la tarde?

Treinta y cuatro grados.

Pero necesito recordar qué pasó. En qué momento decidí rendirme y apretar el interruptor.

Alguna vez, sobre todo en verano, sueño con ello, y me entra una mezcla horrible de arrepentimiento y curiosidad.
¿Te acordarás?
Porque yo aún sí.

Y si es así, pienso que me gustaría saberlo. Pero si me encontrara de frente con ello, le volvería inevitablemente la espalda.

Para eso me quedan las palabras, para lanzar mensajes al aire.

Si aún te acuerdas házmelo saber. Rápido y conciso, breve e indoloro.
Así deberían seguir siendo las cosas.



Algunas reflexiones al volver de vacaciones

miércoles 7 de septiembre de 2011



Sé que soy una pequeñoburguesa con aspiraciones intelectuales, lo cual no quita para que me siga apeteciendo espanzurriarme en una toalla de playa durante un mes entero saboreando con detalle los pocos tintes cañís que siguen teniendo los veranos de este siglo.
Este año me he dedicado con gusto a hacer enumeraciones interminables sobre detalles que marcaron los períodos estivales patrios de nuestra infancia. La verdad es que en algún momento me hubiera gustado tener el blog a mano para redactarlos, pero el calor me reblandece demasiado las meninges como para enlazar más de tres palabras con sentido. Si veraneáis en el Mediterráneo profundo (lo de profundo es metafórico, que ya sé que nadie es la sirenita) reconoceríais muchos de estos detallitos que yo, qué queréis que os cuente, les tengo cariño.

El asunto es volver.

No tiene nada de particular sentir cierto agobio. Antes no me solía ocurrir, pero es que antes te hacía ilusión volver al cole por encontrarte con tus amiguitos. no tenías suficiente memoria como para recordar los deberes ni como para esperar que el siguiente curso fuera más duro.
Volver ahora se resume en lo siguiente:
A las nueve de la mañana estar desayunando entre una playa y un desierto (ni siquiera es bucólico, ni pastoril, en realidad es un lugar bastante feo), y seis horas después estar arrastrando una maleta por los pasillos del metro pensando en lo mismo. ¿Pero qué carajo hago yo aquí?
Suelo venir con ganas de experiencias nuevas, de ropa de otoño, de limpiezas en mi habitación, de cañas con los amigos y de pilas recargadas.
Este año es como si me hubieran lobotomizado. Mis vacaciones han sido como exfoliar la mente. Pero creo que me he pasado.

Algunas diferencias claras a la par que estúpidas (aunque esto último no me daré cuenta hasta dentro de dos meses):

En mi pueblecito de la costa (que no es un pueblo como tal, pero yo lo vivo así), me despierto, como mucho, con el jardinero del lugar y su aspirador de hojas atómico. El resto se ha debido a las cigarras, que a estas alturas de la vida, ni las oigo.
En Madrid me he despertado con, tachán tachán, ¡¡coches!!

En mi pueblecito he estado desayunando en el bar local por 1,50. Café con leche y media barrita de pan con un tomate delicioso. Y por las noches me tomaba cañitas a una media de un euro la pieza.
Ayer en Madrid trajeron la cuenta y la pieza salía a un 150% más.

En mi pueblecito he salido en sandalias y chanclas todos los días.
En Madrid, a juzgar por la mierda que llevo en los pies, es como si hubiera salido sin ellas.

En la costa, los hombres del lugar son objeto de muchos chistes debido a la extraña afición de algunos por llevar sandalias con calcetines.
En Madrid, acabo de descubrir con estupor la invasión de hombres que tienen la extrañísima afición de llevar mocasines sin calcetines. Y la verdad es que no sé cuál me espanta más.

En la playa me he puesto morena, he adquirido lozanía y un aspecto saludable que me ha provocado una subida de guapo que no me aguanto, lo reconozco.
En Madrid tengo color de trucha, y estoy simplemente gorda.

En mi pueblecito, tenía la entrada de casa rodeada de gatos muy monos a los que saludaba todas las mañanas.
Ayer, frente a mi casa de Madrid, había un coche fúnebre (supongo que es casualidad, pero fue impactante). Y más fúnebre fue encontrar los cadáveres de mis pobres plantas en sus tiestos.

No quiero decir que no me guste Madrid. En unos pocos días estaré encantadísima de haberla conocido y afirmaré no abandonarla nunca más y volver a portarme como una amante fiel.

Pero es que hoy entro a trabajar a las 5 y necesitaba tener mi parcela de pataleo.

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