jueves, 7 de agosto de 2008

Kamikaze emocional


El otro día me definió así mi mejor amiga, que se ha enfadado conmigo, con toda la razón, pienso yo, aunque tampoco me esperaba que no quisiera volverme a ver...o eso parecía. La verdad es que hay veces que no me aclaro, no sé lo que pienso, no sé muy bien en qué momento vivo ni qué debo hacer.


En lo que va de año, tres personas, las tres hombres, me han ofrecido cantar y grabar unas canciones. La meta es colgarlas en un myspace, es evidente que desde que dejé de cantar hace cinco años, las cosas han cambiado mucho. Cuando grabamos nuestra primera maqueta, no existía el myspace, ni los blogs, ni fotologs, ni el emule ni el youtube, por no haber ni siquiera todos teníamos conexión a internet, así que si querías promocionarte, ya podías dar conciertos y vender maquetas a la salida (y yo era la única de mis compañeros que tenía grabadora de CD, el colmo de la tecnología), o bien mandarlo a todos los programas de radio que se te ocurrieran, y finalmente sonaba la campana, te radiaban, y un montón de poperos con pocas cosas que hacer te escribían cartas llenas de dibujitos contándote que tu maqueta les había gustado mucho, que querían comprartela...y te mandaban el dinero en sellos.

A este paso no me jubilo en la vida, pensaba yo.

Detrás ya venían las ofertas de pequeños sellos sin un duro, pero con mucha voluntad, que terminaba diluyéndose en ese mismo tema, en que no tenían un duro y terminaban por cerrar el chiringuito, los conciertos, los festivales, ratear con las salas el alquiler del equipo, la furgoneta, las gasolineras, las noches que no venía a verte ni el tato, la barra libre, los cotilleos y el sorprendente hecho de verte en alguna ocasión atendiendo a algún fan, cuando considerabas que los fans es algo que tiene gente como Madonna, Manolo García o igual algún cantante indie, por supuesto varón, heterosexual y politoxicómano, no necesariamente por este orden, y no yo misma, que hacía bachillerato durante la semana y el viernes y el sábado me lo pasaba en una furgoneta y un escenario cantando canciones que a nadie le importaba lo que contaran. Porque a veces me daba la sensación de que no, no contaban nada. Y ahí estaba un tipo dándote la turra sobre lo mucho que le llegaba al corazón tal canción, y yo con la sonrisa de cartón pintada en la cara, agradeciendo mucho su interés, pero pensando en irme a la cama y en dormir por una vez unas pocas horas seguidas. Porque encima bebía poco, y me sentaba fatal, aunque me quitara la timidez para salir a la palestra, y me drogaba cero, por lo que era una pequeña (en todos los sentidos) rareza dentro del panorama. Un angelito para algunos, una mojigata para otros.

Lo que más me gustaba, sin duda, era cantar, pero un buen día hasta eso dejó de satisfacerme, porque cada concierto resultaba ser una réplica o una copia casi idéntica del anterior, y comenzaba a envidiar ardientemente a los músicos de jazz, aunque no fuera una entendida en jazz, que decían improvisar en cada actuación.

Dejó de divertirme que fans que tenían edad para ser mis hermanos mayores, pero que tenían muy mal superada la adolescencia, vinieran a decirme lo monísima y divina que era, el flequillo taaan guay que llevaba, la falda taaaan ideal que tenía, y que yo era su cantante preferida, aunque sabía de sobra que el mes siguiente se lo dirían a otra con un flequillo aún más moderno y un par de tallas menos de falda.

Dejó de divertirme el hecho de entrar en un bar y que un montón de cabezas se giraran hacia mí y cuchichearan, y que encima no tuvieran el poquito cuidado de hacerlo a un volumen que yo no pudiera percibir, y de escuchar más de una y de dos veces, de bocas femeninas casi siempre, mira, esa sale con el guitarrista de ese otro grupo...pues no es tan mona, pues yo sé que él la engaña, pues tiene unos cuernos que no cabe por la puerta, pues que la jodan.

Dejó de divertirme llamar a los conciertos bolos, a las canciones temas y a los éxitos temazos.

Dejó de divertirme, en definitiva, estar más pendiente del mundo de la música que de la propia música. Y por supuesto, de no ganar un duro, para qué voy a mentir.


Así que con diecinueve años me vi como una cantante jubilada que ya había tocado techo en el mundillo indie pop de pueblo en el que me movía, porque aunque mucha gente pensara que iba a llegar lejos, yo estaba convencida de que no iba a ser así. Era una estrellita local, a quien invitaban a copas en cuatro bares de León y un par en Madrid, y no por ello me sentía mucho más valorada. Así que seguí estudiando la carrera, y me puse a trabajar en el ropero de un bar de Malasaña, donde echaba las mismas horas por noche que echaba en prueba de sonido, concierto y posterior fiesta, sólo que aquí tenía la boca cerradita, las manos ocupadas colgando abrigos, y me sacaba más dinero por noche.

Durante estos años algún avispado admirador, de esos a los que les dio igual que desapareciera de la faz del pop patrio y que ha seguido escuchando los discos que grabé, me ha reconocido en el bar, o en una tienda, o una vez en mi casa, invitado por una ex compañera de piso, para mi propio pasmo. Me han dicho con sinceridad que yo les gustaba, o que cantaba bien, y como ya me he reconciliado con mi pasado, hasta me ha hecho ilusión.

Estos días he vuelto a acordarme mucho de aquella época, e incluso me he sorprendido a mí misma ensayando bailes frente al espejo con nuestras canciones sonando de fondo, y recordando cómo fue el último concierto en un festival popero de Extremadura, las cinco mil personas que (se supone) estaban viéndome contonearme al ritmo de la batería, los teclados y haciendo gorgoritos y jugando con el micro, y me pregunto si realmente aquello era lo mío, si llevo dentro un animal escénico, una estrella reprimida, una popera apestosa. Y he recordado con cariño hasta los horribles momentos que pasé, de cansancio, de agotamiento, de discusiones y malentendidos, de chismorreos y malas críticas, y he pensado que me gustaría volver a intentarlo, pero no sé si ya estoy muy vieja para hacer lo mismo que hacía de adolescente. Igual es que lo hice todo muy pronto, y muy pronto se me pasó el entusiasmo...


El caso es que me lo han vuelto a ofrecer ya tres personas, y a las tres tengo la sensación de haberles dado largas, a unos más que otros, y espero que me entiendan, si tenemos en cuenta que con dos de ellos mantuve una relación sentimental o similar. Creo que es motivo de sobra para tener que pensárselo un rato, así que no me presionéis. No obstante, decir que me encantaría, pero estoy simplemente muerta de miedo, porque no sé si he perdido mis facultades, o las pocas que tenía. Tendré que decidirme en algún momento, aunque sé que cualquiera de las posibilidades podría ser otra de "las movidas de Lucía", otra inmolación, otra kamikazada emocional. Realmente me gustaría volver a salir a un escenario a decir "Buenas noches", sonreír y volver a contonear la cadera al ritmo de la canción. Ahora sólo hay que grabar con el ordenador, comprimir y colgar en myspace. El peloteo de los bares se ha traducido en lenguaje HTML y en mensajitos en el libro de visitas. Desde luego, es mucho menos cansino que estar sujetando una copa mientras un popero acneico te da la brasa ante la barra del Nasti. Es probable que lo que simplemente sea es una borde redomada, una insoportable, y que ello me impida realizarme mediante una disciplina tan dura como la música.

Aunque también es verdad que a la Winehouse le ha ido bastante bien...


Estoy indecisa, todo se tambalea, y aunque no paro de apretar el botón de emergencia ante terremotos, otras veces tengo unas ganas locas de dejar mi cuerpo muerto y hacer que me lleven las corrientes.

Quizá mi amiga tiene razón, y hay veces que estoy pidiendo a gritos un guantazo.

Si nada sale bien, siempre me quedará el recuerdo del Contempopránea y el espejo de mi habitación...

6 comentarios:

virginia dijo...

¿cuál era tu grupo?

Chicomancha dijo...

sorpresa!!!!!!!!!!!!!!!! :)

un besazo! muaaaaaaaaaaaaaacs!! (con a!! :pp

Caslor dijo...

No se, a mí me gustabas mogollón, me extrañó que lo dejaras, aunque leyéndote, empiezo a hacerme una idea.

Te debo un mail, uno largo, con muchas cosas que me apetece contarte.

Hasta entonces, un besazo enorme, popstar ;)

Jose dijo...

Cantar es bastante más difícil que mover la boca con ritmo...

elshowdefusa dijo...

Debes ser la popera más inteligente del mundo, o algo así. Yo no te conocía, de hecho sigo sin conocerte, pero me ha gustado leer la historia...

judith dijo...

tu blog es precioso, gracias por tu visita !