viernes, 26 de diciembre de 2008

No me olvides


Para que no me olvides
me recogeré como un caracol
una tortuga al sol
me convertiré en fósil
presencia de una ausencia
si hace falta
un montón de pinceladas
plana y ausente
como un lienzo mudo
perdonaré tu vacío
para que no me olvides.
Congelaré el presente
y el último encuentro
me disolveré en la memoria
de un invierno azul
sacudiré los recuerdos
como guardados en un baúl
detonaré la incertidumbre
convertida en grisalla.
Me concentraré
estiraré y contraeré
como el tiempo y la distancia.
Para que no me olvides
dibujaré siluetas en la tarde
las sombras de la amnesia
me volveré intacta e intocable
esperando el regreso.
Dilataré tu hueco de la cama
y acurrucada junto a la almohada
susurraré tu nombre
como una nana
un mantra y un arrullo
un arpegio y un balbuceo
un soplo y un canturreo
un lamento a través del tiempo
y no podrás impedírmelo
estando tan lejos.
Estiraré tu imagen y tu voz
hasta alcanzarte
con la punta de los dedos.
Coseré con hilo de paciencia
cada retal de recuerdo
y cada murmullo olvidado
y diluiré cada minuto
en cada deseo renunciado
para que no me olvides.

martes, 16 de diciembre de 2008

¿Qué harías tú en mi lugar?


“Escribo básicamente para que mi otro yo me deje en paz. Y sobre todo, para seguir teniendo algunos amigos. Pues sí, es muy fácil, no pongas esa cara, todos sabemos lo muchísimo que hablo. Somos conscientes de que me faltan bocas en los codos, así que esa tremenda verborrea se ve calmada cuando lo plasmo sobre el papel o la pantalla, y así no les doy tanto la coña, es un alivio para ellos, lo cual permite que me aguanten un rato más. Bueno, es posible que sea ponerme en muy mal lugar a mí misma, pero a estas alturas de la vida ya he aprendido cual es mi talón de Aquiles. La mayor parte del tiempo estoy luchando con ella, diciéndole, cállate, Luna, cállate que no es tu turno, cállate que en una de éstas te mandan a la mierda, cállate que ya has hablado demasiado, ya has dado lo suficiente de ti misma. No lo puedo evitar, de la misma manera que la otra no puede evitar hablar y fastidiarlo todo. Ya he perdido a unos cuantos amigos en los últimos meses; por supuesto que me acuerdo de ellos, y por supuesto que daría mi lengua para volver atrás, para que nunca cambiaran tan repentinamente su opinión sobre mí. Vale, sí, que nadie está tan pendiente, pero de pronto me siento que todo ha cambiado demasiado rápido, vivo en otra ciudad, con cuatro personas a las que apenas conozco, con mi madre lejos y enferma, no sé cómo llevar esa ausencia, la que era mi mejor amiga me ha puesto a parir en nuestra última charla, mi ex, al que adoraba, me ha soltado uno por uno todos los puntos horrendos de mi personalidad, cuando yo tampoco se lo había pedido, mi ex amante juega conmigo al gato y al ratón, ahora te quiero, ahora te odio, ahora te digo que eres un encanto, ahora que eres insoportable, y yo me estoy volviendo loca. Todos los días me levanto con un odio acérrimo a la humanidad, y sobre todo hacia mí misma, sí, esa misma Luna que en sus puntos de manía se cree el maldito centro del universo, esa misma que aspira a ser la estrella de todas las fiestas, el perejil de todas las salsas, pues cada mañana me siento hecha un trapo, me levanto con un cansancio mineral y con ganas de gritarle a mis compañeras de piso, a mi portero, a mi profesor de pintura, a mi padre, a mis tías, a mis amigos y ex amigos, a mis ex novios, gritarles, dejadme en paz de una maldita vez, que lo que quiero es desaparecer, convertirme en humo. En los momentos de manía es justo al contrario, claro, ya lo he dicho, perdona, es que me repito. Pues eso, que cuando estoy en la fase contraria me da por creerme la reina de este mundo. También es cuando más creativa estoy, fíjate, cuando más pinto, más escribo, aunque la mitad no valga para nada, porque luego lo leo en un momento de bajón, y me doy asco, arrugo los papeles de pura repugnancia. Y eso, en los días de bajón me vuelvo del todo paranoica, y me pitan los oídos a todas horas, sabiendo que son ellos, y me da por pensar que nadie me aguanta, que no hay quien me soporte, y que es esa la razón por la que no me dura un novio más de tres semanas, porque soy verdaderamente insoportable, y quién va a querer a una tipa como yo, que no hace más que oscilar de ánimo de manera vertiginosa, y hablar sobre sí misma, y analizar todo con lupa, quién va a aguantar a una acomplejada que no para de comerse el tarro y de sufrir por lo que sea. Ahí es cuando de verdad aparece mi otro yo vestido de demonio, eres un puto desastre, Luna, nadie te quiere, estás como una foca, haz el favor de caminar con las punteras para dentro y ni se te ocurra comerte esa ensaladilla rusa, cállate de una vez que a nadie le interesan tus estupideces. Todas las mañanas es lo mismo, y me entra un odio visceral hacia todo, hacia todos, excepto hacia mi madre, claro.
Me pasa desde finales de octubre, más o menos, una semana después de que me dejara Guillermo. Primero estuve triste sin más, luego todo el resentimiento vino de golpe. No, no se lo he contado a nadie. Desde entonces escribo, un poquito todos los días, aunque sean cuatro líneas, porque sé que eso me ayudará a no hablar tanto, y a los que tengo alrededor a no tener que hacerme caso por fuerza.
Me siento un poco mejor, sí, mejor que después de haberlo fastidiado todo con algún comentario. Prefiero callarme, y de verdad que no lo hago por llamar la atención, para que luego vengan a preguntarme qué me pasa. No, no es así. Es porque de verdad quiero estar callada, quiero retener a alguna gente, a los pocos que creo que me quedan, no hacerles que se harten de mí, no contarles problemas, no saturarles de mí.
Ya sé muy bien como soy, ya te he dicho que conozco mi talón de Aquiles. Esta es mi manera de camuflarlo, si no, de protegerlo. Podrá parecerte triste, pero ¿qué podría hacer, qué haría otra en mi lugar?”

lunes, 1 de diciembre de 2008

Mientras las lágrimas caen


Es el atardecer del día

me siento y miro a los niños jugar

puedo ver caras sonrientes, pero no para mi.

Me siento y miro como las lágrimas caen.


Mi riqueza no puede comprarlo todo

quiero escuchar a los niños cantar

y todo lo que escucho es el sonido de la lluvia cayendo en el suelo..

me siento y miro como las lágrimas caen.


Es el atardecer del día

me siento y miro como los niños juegan,

haciendo las cosas que yo hacía, ellos piensan que son nuevas..

me siento y miro como las lagrimas caen...



Recuerda que no sólo soy mi memoria, ahora también tengo que rescatar y reordenar la tuya, para no olvidarte...y que nadie te olvide.

Te echo de menos mucho.
Para ti