martes, 31 de marzo de 2009

Venecia sin ti


"Yo llegué a Venecia enamorada, con medio corazón en Madrid, y durante más de la mitad del curso no paré de pensar en lo que me gustaría pasear por esas mismas calles llenas de arte, de historia, de vivencias y de humedad, agarrada de su mano. La cantidad de rincones que podría enseñarle. Los lugares donde nos resguardaríamos de la lluvia. Enseñarle el Puente de los Suspiros, y ver pasar a las parejas paseando en una góndola que nosotros no podríamos pagar. Yo no soy una turista, le diría, soy veneciana. Le llevaría a los sitios donde no van los turistas, sino los venecianos como yo, hablaría con ellos en su dialecto, y le enseñaría a regatear en los mercados, a beber spritz y prosecco en los mejores bares, donde ponen las mejores sarde en saor. Pruébalo, son sardinas con cebolla, pasas y piñones, plato típico de Venecia, está riquísimo, y le invitaría a comer una pizza en nuestra plaza favorita, el Campo Santa Margarita, porque aún no le habría dicho que en Venecia las plazas se llaman campos, y en ese pasábamos la mayor parte de nuestro tiempo libre, en una esquinita con escaleras que casi todos los lugareños que allí estaban terminaron apodando el rincón de los españoles. Hubiéramos mirado el eclipse lunar desde la Plaza de San Marco, que a medianoche suele estar desierta, probablemente muertos de frío, pero yo feliz por introducirle en la ciudad, y poder ver la luna cobriza que no se repetirá en cientos de años, y por supuesto nunca en un lugar tan especial. Le habría presentado a todos mis nuevos amigos, los italianos y los españoles, y seguro que se hubieran caído muy bien. Y también habríamos podido ver a los violinistas que se situaban a tocar cerca del puente de Rialto, y haber ido a las fiestas de San Piero di Castello, a comer polenta a la parrilla y calamares rebozados y a escuchar las tómbolas y a los niños jugando. Hubiéramos comprado máscaras en Carnaval y nos las hubiéramos intercambiado, o quizá yo le habría pintado la cara, y él a mí, le habría pedido que me dibujara una mariposa de colores, y hubiéramos visto las decenas de desfiles y teatros callejeros, nos habríamos hecho fotos con el Pulcinella, el Arlequín, el Dottore, el Pantalón y el resto de la Comedia dell’arte. Hubiéramos visto los fuegos artificiales sobre la Laguna con gesto de niño asombrado, hubiéramos bebido spritz hasta el amanecer.

Pero aquello nunca ocurrió, y con el paso del tiempo yo fui olvidando aquel medio corazón que me había dejado en mi ciudad, poco a poco fue borrándose, marchitándose, porque nunca vino, aunque dijo que le hubiera gustado, y su rostro fue desdibujándose con el paso del tiempo, su voz se fue perdiendo en mi memoria, hasta terminar desapareciendo. Sin embargo, la ciudad de Venecia guarda un poco de aquel medio corazón en cada rincón por el que estuve pensando en él, y para mí, sus calles sierre llevarán su silueta."



martes, 10 de marzo de 2009

Los versos más tristes de octubre


“Desde que te fuiste, el tiempo se ha acelerado. Los primeros días fueron huecos, luego vino la caída libre.

Desde que me despedí de ti, un agujero ha vuelto a aparecer en mi cama. Ya no soy la niña preferida, pero he hecho lo posible por no darme por enterada.

He creado un mecanismo de defensa y he desdibujado tu recuerdo. He borrado tus fotos y tus huellas.

Nunca has estado aquí. Nunca estuviste realmente.

Desde mi ventana veo a lo lejos las montañas que reflejan el sol en sus cimas blancas. Y el aire del norte me da en la cara para recordarme que no volveré.

Nadie me advirtió que no había paraíso en el cielo. Estaremos juntos hasta que el aburrimiento nos separe. Y nadie sabe que esta noche estoy sola en casa.

Desde que me dijiste adiós, el tiempo se ha contraído y la distancia se ha dilatado. Las palabras que me diste no valen nada, porque a nada se han reducido.

Y desde mi casa veo a lo lejos las montalas que reflejan el sol en sus cimas nevadas. Y el aire del norte me da en la cara para recordarme que ya no compartiremos nada. Que nunca te veré con ropa de invierno. Y que nunca volveré a las montañas.

En la dicha y en la desdicha, hasta que el aburrimiento nos separe.”