martes, 20 de julio de 2010

Siempre joven




Recuerdo muy bien cuánto te gustaba cocinar, el ansia por tener una cocina maravillosa llena de ollas de cobre y sartenes de hierro, ese lugar en el que podrías hacer realidad todas las recetas soñadas.
Recuerdo muy bien tu colección de delantales, las cucharas de madera, los libros de cocina alineados, los botes de té.
Recuerdo muy bien tus pasteles de verduras, tus strudel de manzana, tu tortilla de patatas.

La cocina sigue estando ahí pero ya no huele a strudel ni a masala chai, y yo tampoco la utilizo, me paso la mayor parte del tiempo a dieta, y además no sabría cómo empezar.

He dejado de beber cocacola, pero aún no me he desenganchado de las aceitunas.

Siempre pensé que no me parecía a ti en ese aspecto, pero el destino es irónico, y ahora me paso los soporíferos días de verano fantaseando con la cocina que tendré cuando sea mayor, o sea, cuando sea mayor de verdad, con un horno de gas enorme, unos cajones repletos de cazuelas ordenadas por tamaños, un frigorífico americano, con congelador doble, unos armarios que esconderán todo tipo de artilugios…y una puerta reservada especialmente para los tupperware.
Imagino la disposición de los elementos con claridad, los moldes para gallegas y bizcochos, un rodillo y una tabla de madera.
Podré seguir todas y cada una de las recetas que apuntaste, las de todos los libros, al pie de la letra, aunque no me salgan igual de bien que a ti.
Se me dan especialmente bien los dulces, lo cual es un éxito, porque no los como. Ni me gustan demasiado ni me los permito, así que siempre los hago para los demás.

Te prepararé un pastel con mi corazón dentro cada 20 de julio y pensaré en que a ti en el fondo te gustaría (pero mucho) eso de que siempre te recuerden joven.

Y a mí me gusta pensar que ya no lloras más.