jueves, 28 de octubre de 2010

El andén derecho



Iba a salir por el andén izquierdo al llegar a la última parada. Argüelles, seis y media de la tarde. Decidí cambiar, variar un poco y salir por el derecho, tenía prisa, iba a llegar tarde y tenía la certeza de que ése me llevaría antes a mi destino.
Cuando me estaba girando, la vi caminar a lo largo del andén. Creí que no era posible, ese mismo día, con la decisión que había tomado. No podía ser casualidad.
Esa persona a la que llevaba tanto tiempo sin ver. Tenía el pelo más largo y la misma expresión de…de no lo sé. Porque intenté, por unos segundos, quedarme fija, sin apartar la mirada, tratar de recordar el tono de su voz, alguna tarde de sol sobre un puente, haber compartido una cama, una lata de cerveza, un té con leche y un secreto. Traté de recordar la última palabra que me dijo, haberla abrazado, la letra de una canción absurda, no haber mirado atrás cuando se marchaba…
Y no lo conseguí.
No conseguía atrapar esos momentos.
Salí por el otro andén, segura de que no era quien yo creía.
Y diez minutos después tomaba un autobús verde que me llevó hasta un lugar al que no había vuelto.
Temblaba.
Desde que la vi por última vez me he dado cuenta que ahora sí, soy poco dada a las nostalgias. Quizá estoy recordando a esa persona ahora cuando creía haberla olvidado, enumerando todo aquello como simples cifras. Pero es que ya no consigo visualizarlo.
Todo va bien. En los momentos de mayor pánico es cuando uno tiene que lanzarse al río. Aunque el agua esté helada, las rocas están calientes por el sol.
La parada de la farmacia sigue igual.
Ahora duermo como tumbada sobre una tarta de cerezas.


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