martes, 30 de noviembre de 2010

Mereces toda mi atención

hortera.

(De or. inc.).

1. f. Escudilla o cazuela de palo.

2. m. En Madrid, apodo del mancebo de ciertas tiendas de mercader.

3. adj. Vulgar y de mal gusto. U. t. c. s.


Fuente: R.A.E.


Conversación vía telefónica Sagasta-Moratalaz:

_Necesito una bolsita de agua caliente, tengo muchísimo frío por las noches. ¿Dónde se compran esas cosas?

_Eso se compra en farmacias.

_Es que quiero saber cuánto cuesta porque he visto una monísima en una tienda de diseño de Malasaña, tiene de forro un jersey con un corazón, pero vale 15 euros.

_Bueno, en una farmacia no te va a valer mucho menos...no es de esas cosas que puedas comprar en un chino por 3 euros.


Chino de la misma calle que la tienda: 3 euros.

Invasión asiática.

No poner muy cerca de la cara, porque huele raro y tengo la impresión de que es tóxico.


Hoy he soñado que me compraba jerseys a pares. Tengo unas fantasías de lo más extrañas desde que llegó la ola de frío, y digo yo que habiendo vivido en León, debería estar más que acostumbrada.


Hotel Song by Lucía Inthesky


lunes, 29 de noviembre de 2010

¿Lo dije o no lo dije?


Cuando uno se mima más, la vida va mejor.

El miércoles no me puse mis pendientes de perla para una entrevista, debe ser que no me daban tanta suerte, porque acabo de conseguir mi primer contrato indefinido.

Lo voy a enmarcar y a colgar en la pared de mi dormitorio.

Es como un animal mitológico o un catedrático dando clase. Algunos locos dicen haber visto uno, pero no hay pruebas gráficas que lo confirmen. Yo por si acaso, lo dejaré quieto sobre el muro para ser admirado y no me tomen por perturbada.

El hecho de que comience un trabajo estable no implica que no vaya a seguir aceptando trabajos de ilustradora freelance, así que no se corten.

Y ahora, no deja de nevar, para terminar de darle un punto bucólico al día de hoy. Sacaremos a lucir una de mis múltiples bufandas y a rezar para no morir de congelación.


Regalo de Mr Ramos. Me ha llegado al corazón.

Y por cierto, sí, me he dado cuenta que detrás de mí se ha caído un poster. Gracias


A Rockin' Good Way by Lucía Inthesky

domingo, 28 de noviembre de 2010

Repostería por amor



Esta es mi segunda experiencia con tortitas. La primera fue el jueves a medianoche, para practicar, después de una concentración ciclista que había acabado con toda mi energía.
A la tercera tortita, si uno posee cierta pericia, ya puede darle la vuelta sin echarla a perder.

Un sábado que comienza con tarta de queso y cupcakes, sigue con tortitas con mermeladas de flores y acaba con sushi y udón, regado con mucho té, es, por definición, el día perfecto.

Eso, y que la vida es una sucesión de soleadas y enamoradas mañanas.

Tengo la impresión de que soy más cursi que vomitar purpurina.

Igualmente estoy muy orgullosa de mis tortitas con forma de corazón.


Unos se dejan barba y otros nos pintamos los labios, per l'amor de deu, ¿qué nos está ocurriendo?

viernes, 26 de noviembre de 2010

Creo que me estoy pasando

Desde hace días, poseo toda la coquetería del mundo concentrada.

Empieza a darme igual salir a la calle arreglada de manera excéntrica, o por lo menos, diferente de como iba hasta ahora.

Y ello me preocupa, porque, queridos amigos, es el primer síntoma de la vejez.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Sigue el camino de nubes amarillas


Alguien que me felicitó me dijo que su nueva edad (sólo quince días antes que yo) le estaba sentando de maravilla.

Quise creerla.

No me hace falta, es cierto, me está sentando de miedo.

La angustia y el pánico se han evaporado.

Necesito poquito para ser feliz. Y cuánto me alegro.

Rosales y dibujos, las nuevas recetas.

Y espero que esta sea la primera planta que no se me muera (la jardinería es un reino por conquistar).

jueves, 18 de noviembre de 2010

Verdades que el judeocristianismo no reconoce


La vida me va muchísimo mejor desde que me mimo más.

No me abandono, no es dejadez, no es pereza.

Es puro y simple aprecio.

Y que os den si pensáis lo contrario.


Merendola deluxe, té de frutos rojos y porción de red velvet cake, cortesía de Audrey 212
La taza es el auto-regalo nº2


Merendola de cumpleaños, Happy day. Caffè latte y cupcake de zanahoria y vainilla.
Auto regalo nº3


Lucecitas de corazones.
Auto-regalo nº1

La verdadera casa encendida es la mía.

martes, 16 de noviembre de 2010

Lo mejor de nuestra vida


Say happy birthday to me.

Say happy birthday to Miss.


Magic by Lucía Inthesky

lunes, 15 de noviembre de 2010

Todo a su debido tiempo

Celebrar tu cumpleaños durante tres días como si de una boda judía se tratara conlleva que la gente lleve desde hace una semana felicitándote, sin tener muy claro cual es el día exacto.

Pues bien, es mañana. Hoy es el día mundial sin alcohol, que no sé por qué, siempre cae justo antes. Qué estupendo.

Por cierto este año ha sido el de los regalos más chulos. Tengo unos amigos fantásticos. Y una mención especial para mi abuela, que no me la merezco. Puede que suene muy materialista, pero se merece un aplauso, porque es la mejor y no conozco muchas abuelas que regalen iPods. Sin palabras me hallo.

Y además muy contenta, pues ya tengo trabajo para estas navidades.

No sabéis la de partido que le estoy sacando a mis pendientes de perla.

Good Vibrations by Lucía Inthesky

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Reglas del buen gusto del barrio



Hay un complemento imprescindible que te hace parecer una dama en toda ocasión, especialmente si se trata de una entrevista de trabajo en la que esperan que te vistas bien, acorde a las reglas de la elegancia de oficina. Este complemento, maltratado por aquellos que no aspiran a vivir en el barrio de Salamanca, es el pendiente de perla.

Creedme, aunque vayáis vestidos con un gato muerto, si lo combináis con unos discretos y elegantes pendientes de perla, la cosa cambia pero que mucho. Seréis cubiertos como por arte de magia, por una excepcional pátina de distinción, comparable a la de aquellas que parece que acaban de salir del club de hípica.

Es una cosa que a los ejecutivos oficinistas de rollo campeón les vuelve locos.


'Tain't Nobody's Bizness If I Do by Lucía Inthesky

domingo, 7 de noviembre de 2010

Sardinas y bicicletas




Sufro de un gravísimo problema.

Mi estación favorita del año suele ser el otoño. A pesar de que es la época en la que cae mi cumpleaños, me gusta la caída de las hojas, el tiempo fresco, ni demasiado frío ni calor, empezar a comer platos calentitos, dormir tapado…El invierno me resulta demasiado largo y triste, con poca luz (consecuencias de haber vivido en una ciudad como León, donde duraba unos nueve meses). La primavera me pone literalmente enferma, porque a pesar de que hay más horas de luz, lo cual me encanta, la alergia a las gramíneas me ha hecho estar alguna vez al borde del coma. En mi casa siempre he sido la única alérgica, de tal manera que toda la vida han pasado olímpicamente de mí, sometiéndome a torturas como llevarme de picnic y excursiones por la montaña, sin importar si yo me estaba asfixiando o mis ojos se hinchaban como pelotas de tenis (“vamos mujer, no es para tanto, son imaginaciones tuyas”).

El verano es una estación que espero siempre con ganas, porque me recuerda a ser pequeña. No lo entiendo muy bien, porque quien viva en Madrid sabe que no hay peor momento climático del año que agosto en una calle del centro. Yo no he hecho la prueba de freír un huevo en el asfalto de mi calle, aunque ganas no me han faltado. Toda la ciudad despide un aire pegajoso y soporífero, bocanadas de viento caliente saliendo del metro, un sol abrasador que verdaderamente te hace aborrecer esta estación. Todo cambia si me voy cerca del mar, claro, donde mis males mejoran y mi humor sufre un notable cambio.

De pequeña tenía largos veranos de tres meses donde la mayor parte los pasaba en la costa (ella era profesora, también tenía mis vacaciones), y aunque con los años he descubierto que ella se aburría mortalmente, yo no podía concebir un agosto sin estar por el barrio correteando, tomando un granizado o haciendo castillos de arena. Sí, tenía suerte, vivía allí tres meses al año.

Ahora que ni de broma puedo ir tres meses, los veranos se me hacen muy largos, a mitad de julio me descubro deseando que terminen, no hay nadie en la ciudad, mis amigas de la costa no aparecen o están con sus vidas en otras partes, hace un calor de muerte y llega un momento que me aburre estar sin dar palo al agua. Por no hablar de que la televisión apesta, que en los cines suele haber estrenos más que dudables y que, aunque parece un fenómeno en vías de extinción, la canción del verano acecha como el mayor de los enemigos auditivos, sólo comparable a los petardos de todas las fiestas patronales. Yo, en zona fronteriza, termino tragándome una media de tres cada verano. Este año en mi casa podía escuchar las de la urbanización de al lado como si tuviera a la banda municipal metida en mi salón. Lo de los horarios de fiesta es algo que en Levante literalmente se la pela a las vecindades. Juro que si en una noche no pusieron la canción del mundial de Shakira diez veces, no la pusieron ninguna. Y el final de fiesta siempre (repito, siempre) se termina con Paquito el chocolatero, y quien quebrante esa norma, no sale vivo del barrio.

Sin embargo, el final de agosto suele ser siempre algo repleto de felicidad melancólica, como la traca final de unos fuegos artificiales (estoy plagada de comparaciones pirotécnicas), en la que aprovechas para beberte todo el verano (no sólo literalmente) con la inevitable sensación de que en cualquier momento puede llegar esa temible tormenta que inaugurará la gota fría y dará por finalizada la estación. Creo que son esos los días en los que más salgo, más tiempo paso en la playa, más bebo, más helados pido, más dispuesta estoy a hacer el cabra. La consecuencia es que llego a Madrid con sobredosis de sol, con tres kilos visitantes en mi panza, con resaca y una pena más negra que un mal pensamiento. Vamos, que no tengo muy claro que el verano me termine de sentar bien, pero no, me equivoco, he descansado, me he divertido y vuelvo dispuesta a experimentar nuevas y excitantes experiencias otoñales (hacer galletas, tricotar, comprar un nuevo edredón). Y el otoño en Madrid es maravilloso, claro, y me hace reconciliarme cual buena amante con mi ciudad, después de unos meses en los que le juraba odio acérrimo.

Lo que nadie me advierte nunca, y no recuerdo de un año para otro, es que me paso todo septiembre, octubre y parte de noviembre, soñando por las noches con el verano. Nada especial, sueño que estoy allí, porque hace cuatro días estaba tomando una horchata frente al mar y comprando en periódico en la placita de San Gabriel, y me parece espeluznante que el tiempo pase así de rápido y no ni me entere. Desde hace unos años que no soy dada a nostalgias, así que alguien me explique esto. No se puede vivir en un eterno verano, a no ser que vivas en un lugar como Papeete, claro.

Y todo esto viene porque efectivamente sueño con el sol y el mar, y porque desde hace meses me ronda la idea de irme a vivir a la costa, por lo menos un tiempo, aunque no tengo tampoco muy claro qué iba a ser de mí. No va a ser verano, no tengo trabajo allí (aunque aquí tampoco mucho, que digamos) y la verdad es que tendría que reformar mucho mi vida, precisamente lo que mi cuerpo me está pidiendo a gritos. Las dudas me llevan a la incertidumbre. Y la incertidumbre me estresa, y el estrés, pues me lleva al lado oscuro.

By the sea by Lucía Inthesky

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Reflexión de miércoles

Músicos varios, modernos, artistillas de toda índole, os voy a hacer una sana y gratuita advertencia: se nota cuando la reseña sobre vuestra persona en la Wikipedia la habéis hecho vosotros mismos. Destila esnobismo por los cuatro costados. Está muy bien lo de venderse, hacerse valer y promocionarse, nadie dice que no, pero hablar en tercera persona de uno mismo sin que suene petulante hasta la náusea es bien difícil. Por eso, el día que decidáis que queréis pasar a la posteridad en la red, dadle un toque a vuestro amigo periodista para que os eche una mano con la redacción. Nunca está de más contar con otra opinión sobre vuestra supuesta biografía.

Y ahora, desapareceré con mi taza de té a otra parte.


Salven Las Sirenas by Lucía Inthesky