domingo, 25 de diciembre de 2011

Decisiones equivocadas




Llevo unos días con la idea de estudiar una segunda carrera por la UNED a partir del año que viene. No es tanta locura si tenemos en cuenta que se trata de una universidad a distancia (la propia palabra lo indica), y que podría ser fácilmente compaginable y muy enriquecedor si me decido a hacer el doctorado.
El problema de todo ello es que la segunda carrera que quiero estudiar se trata de filosofía.
Siempre me ha apetecido, sé que tengo muchos pájaros en la cabeza, y estaría bien terminar de sacarlos.
El otro día alguien muy cercano a mí me dijo que sería muy buena idea, teniendo en cuenta lo que me gusta darle vueltas al tarro y estudiar en las bibliotecas (soy muy fan de las bibliotecas de esta ciudad).
Y todo este follón viene montado porque me paso las mañanas allí metida buscando información para mi Trabajo Final de Master, que ya tiene título, es muy bonito y nadie lo entiende cuando lo digo.
Puede que sea una idea genial u otra pajarada.

Hoy en la comida navideña he cometido la insensatez de comentarlo, a sabiendas de que a nadie le iba a hacer ninguna gracia. Pero una es así de inocente y sigue creyendo en que la familia te apoyará en todas tus decisiones.
Y por supuesto, el comentario general ha sido "¿Y eso pa'qué?" (Léase en tono de horror, como si me hubiera dado por la brujería).
El razonamiento de por qué no debo hacerlo es el siguiente: me tengo que meter en el mercado de trabajo (¿¿en quée??) y porque eso no servía para nada.

Me lo han dicho después de que hubieran mantenido una apasionada conversación de sobremesa de cuarenta y cinco minutos de reloj sobre la vida marital de la Duquesa de Alba (por supuesto todos a la vez y a voces).

Yo me he ofendido muchísimo y me he ido a mi casa con la dignidad por delante.

No sé qué concepto de eficacia o utilidad tienen en casa, teniendo en cuenta la que está cayendo. Mi último trabajo fue de camarera. Estuvo muy bien, aprendí muchas cosas, pero no tener una motivación fuera era muy frustrante. Estoy a la espera de una beca del Ministerio, y si no me la conceden, tendré que volver a hacerlo, porque los ahorros se acaban.
No tengo carnet de conducir ni coche. Me muevo a pata, en metro y a veces en bici. No tengo casa propia, pago alquiler. No tengo smartphone. Me gasto mi dinero en vivir en Madrid y en cursos varios. Ahorro mucho dinero con los trabajos temporales para luego poder disfrutarlo poco a poco. Para mucha gente de mi alrededor es todo un fracaso, no tengo estabilidad alguna. Soy muy popular en conversaciones, pero nada de lo que hago "sirve" para nada.
Para más datos, mi hermano es músico. Pienso que mi familia debe de estar contentísima con nosotros, y más que en los tiempos que corren.

Yo sin embargo estoy bastante feliz. Mucho más que hace un año. Y sé que ya no volveré a ser igual que antes.

Pero bueno, tras esa larga y disparatada conversación, la Duquesa de Alba sigue siendo rica, y nosotros no. Eficiencia cero para vosotros también.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Cumplir años.



Salir de clase, empezar con una cañita.
Quien dice una dice dos.
Charla, risitas, Museo del Jamón. Saber que la has liado.
Necesitar algo en el estómago y renunciar a ello muy dignamente.
Decir que sí a todos los planes.
Acabar en otro barrio.
Pedir, pagar.
¿Cuánto he pagado?
Escribir mensajes en cheli y no recordarlo precisamente bien.
Bailar. Sí, bailar. Delante de gente.
Marearse. Respirar.
Fogonazo de dignidad y despedirse a la francesa.
Buscar la parada del búho, coger el búho, dormirse en el búho.
Demasiado entrenamiento a lo largo de una vida hace que no te saltes la parada.
Llegar a casa. Spaghettada. Arramplar en la cocina.
Descubrir que, pese a todo lo que llevas diciendo toda la noche, tenías hambre.
Ir a la cama sabiendo que vas a lamentar una salida de clase tan larga.
Off.
Despertar mucho antes de lo previsto. No querer morir, pero casi.
Preparar el desayuno de tu vida. Mucha vitamina C, café, tostadas.
Y de postre ibuprofeno.
Es sólo la falta de sueño. Nada más.
Ir al baño, mirarte al espejo y asustarte.
Aterrorizarte.
Sacar una mascarilla facial reafirmante, esperando que haga milagros.
Darte cuenta que hace no tanto te echabas una para el acné.
Y ser consciente que a estas alturas, las resacas ya nunca serán como antes.
Nunca más.
Y que volver a la Universidad a ciertas edades puede ser perjudicial para la salud.

Esto es hacerse mayor.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Los cuatro vientos de la Plaza.



¿Un paseíto hasta Plaza de España a las cuatro de la tarde?

Treinta y cuatro grados.

Pero necesito recordar qué pasó. En qué momento decidí rendirme y apretar el interruptor.

Alguna vez, sobre todo en verano, sueño con ello, y me entra una mezcla horrible de arrepentimiento y curiosidad.
¿Te acordarás?
Porque yo aún sí.

Y si es así, pienso que me gustaría saberlo. Pero si me encontrara de frente con ello, le volvería inevitablemente la espalda.

Para eso me quedan las palabras, para lanzar mensajes al aire.

Si aún te acuerdas házmelo saber. Rápido y conciso, breve e indoloro.
Así deberían seguir siendo las cosas.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Algunas reflexiones al volver de vacaciones




Sé que soy una pequeñoburguesa con aspiraciones intelectuales, lo cual no quita para que me siga apeteciendo espanzurriarme en una toalla de playa durante un mes entero saboreando con detalle los pocos tintes cañís que siguen teniendo los veranos de este siglo.
Este año me he dedicado con gusto a hacer enumeraciones interminables sobre detalles que marcaron los períodos estivales patrios de nuestra infancia. La verdad es que en algún momento me hubiera gustado tener el blog a mano para redactarlos, pero el calor me reblandece demasiado las meninges como para enlazar más de tres palabras con sentido. Si veraneáis en el Mediterráneo profundo (lo de profundo es metafórico, que ya sé que nadie es la sirenita) reconoceríais muchos de estos detallitos que yo, qué queréis que os cuente, les tengo cariño.

El asunto es volver.

No tiene nada de particular sentir cierto agobio. Antes no me solía ocurrir, pero es que antes te hacía ilusión volver al cole por encontrarte con tus amiguitos. no tenías suficiente memoria como para recordar los deberes ni como para esperar que el siguiente curso fuera más duro.
Volver ahora se resume en lo siguiente:
A las nueve de la mañana estar desayunando entre una playa y un desierto (ni siquiera es bucólico, ni pastoril, en realidad es un lugar bastante feo), y seis horas después estar arrastrando una maleta por los pasillos del metro pensando en lo mismo. ¿Pero qué carajo hago yo aquí?
Suelo venir con ganas de experiencias nuevas, de ropa de otoño, de limpiezas en mi habitación, de cañas con los amigos y de pilas recargadas.
Este año es como si me hubieran lobotomizado. Mis vacaciones han sido como exfoliar la mente. Pero creo que me he pasado.

Algunas diferencias claras a la par que estúpidas (aunque esto último no me daré cuenta hasta dentro de dos meses):

En mi pueblecito de la costa (que no es un pueblo como tal, pero yo lo vivo así), me despierto, como mucho, con el jardinero del lugar y su aspirador de hojas atómico. El resto se ha debido a las cigarras, que a estas alturas de la vida, ni las oigo.
En Madrid me he despertado con, tachán tachán, ¡¡coches!!

En mi pueblecito he estado desayunando en el bar local por 1,50. Café con leche y media barrita de pan con un tomate delicioso. Y por las noches me tomaba cañitas a una media de un euro la pieza.
Ayer en Madrid trajeron la cuenta y la pieza salía a un 150% más.

En mi pueblecito he salido en sandalias y chanclas todos los días.
En Madrid, a juzgar por la mierda que llevo en los pies, es como si hubiera salido sin ellas.

En la costa, los hombres del lugar son objeto de muchos chistes debido a la extraña afición de algunos por llevar sandalias con calcetines.
En Madrid, acabo de descubrir con estupor la invasión de hombres que tienen la extrañísima afición de llevar mocasines sin calcetines. Y la verdad es que no sé cuál me espanta más.

En la playa me he puesto morena, he adquirido lozanía y un aspecto saludable que me ha provocado una subida de guapo que no me aguanto, lo reconozco.
En Madrid tengo color de trucha, y estoy simplemente gorda.

En mi pueblecito, tenía la entrada de casa rodeada de gatos muy monos a los que saludaba todas las mañanas.
Ayer, frente a mi casa de Madrid, había un coche fúnebre (supongo que es casualidad, pero fue impactante). Y más fúnebre fue encontrar los cadáveres de mis pobres plantas en sus tiestos.

No quiero decir que no me guste Madrid. En unos pocos días estaré encantadísima de haberla conocido y afirmaré no abandonarla nunca más y volver a portarme como una amante fiel.

Pero es que hoy entro a trabajar a las 5 y necesitaba tener mi parcela de pataleo.

miércoles, 20 de julio de 2011

Mira, ha llegado el sol



Cuando cumpliste medio siglo, me dijiste que ya habías vivido más de la mitad de tu vida, y a mí me entró terror.

Es irónico, porque no sabíamos que quedaban menos de tres años para que te marcharas.

En realidad si lo pienso, pasó muy poco tiempo. Menos del que llevo sin ti. Te ibas a dar un gran homenaje, un viaje a India, probablemente, por tu medio siglo de vida. No pudo ser.

Nacerías un día de sol. Eso es seguro. Eras una chica solar, aunque ambas seamos de agua.
No me atrevo a preguntar mucho sobre ti cuando eras bebé.

Si estuvieras, nos iríamos de cañas para celebrarlo. Pero ya nunca te conoceré mayor. Nunca veré como te estropeas por la edad, como la vida le da a tu rostro la apacibilidad de los años y la experiencia, como tu piel se arruga y se convierte en terciopelo fino, tus manos delgadas de cuajan de manchitas canela y tu pelo se encanece poco a poco. Nunca comprobaré el pudor que entra a la hora de vestirse o de ir a la playa. Nunca podrás decirme, anda quita, que ya soy una señora, cómo voy a ponerme eso. No te cederán el asiento en el autobús ni el paso en los cruces. No disfrutarás de la tranquilidad de una jubilación hogareña, haciendo galletas y tejiendo jerseys. No harás de canguro de mis niños. No podré seguir necesitándote y alimentándote cuando cumplas sesenta y cuatro. Nunca llegarías a esa cifra, por mucho que cantáramos juntas.
Como Txema dijo, siempre recordaremos a nuestras madres en todo su esplendor. Parece que es un complot a lo Greta Garbo. Estoy de guasa, es triste, pero hay que reírse.

Como tu cumpleaños cae en verano, siempre me vienen a la cabeza las mismas imágenes harto repetidas.
¿Recuerdas la última noche en Altea? Me he acordado hace un ratito. Había luna llena y la cerveza siempre sabe mejor mirando el mar. Era 2006. No sabes lo vieja que me he hecho yo en este lustro. Por lo menos siento como si me hubiera caído una losa encima.
Volvería una y mil veces a esa terraza contigo. Y te agarraría fuerte para que no te fueras esta vez.

Y ha llegado 2011 y sigues estando bella, todos te recordaremos así. Una joyita preciada y extraña, como un hielo que no se funde al sol.

Pero qué astuta.

Love.


martes, 21 de junio de 2011

Solsticio de verano

Quise estudiar Bellas Artes porque me gustaba dibujar. En realidad quería pintar, como si eso fuera la misión a la que tenía que llegar triunfante. Como si la pintura fuera la meta y el dibujo sólo la vía que me llevaría a ella.
Hice el Bachillerato de Artes en León y nunca me he arrepentido lo suficiente. Y eso que no me suelo arrepentir de muchos actos. Si volviera el tiempo atrás, me hubiera quedado en mi antiguo instituto estudiando letras puras, que era lo que de verdad me gustaba, y acudiendo a una academia de dibujo por las tardes, cosa que tuve que hacer igualmente. La vida hubiera sido más simple estudiando latín que metida en un aula de escultura que apestaba, con una profesora que disfrutaba mucho "motivando" a sus alumnos a base de comentarios ordinarios. Me gustaba la literatura, me gustaba la filosofía, me gustaba aprender nombres de libros, uno detrás del otro, no me costaba nada, era fácil. Tampoco me costaba aprenderme todos y cada uno de los nombres de las vanguardias artísticas o toda la obra de los pintores renacentistas italianos. Todo fluía cuando estaba delante de un libro. De la misma manera que todo fluía cuando en casa, yo sola, sin nadie alrededor, me ponía frente al bloc de dibujo. Era divertido y relajante, era una manera legítima de seguir jugando.
Pero nada de eso ocurría cuando estaba en la escuela. La información se estancaba y emponzoñaba. Las miradas ajenas eran hirientes. Igual que los comentarios de mi profesora. Es muy sencillo herir a un adolescente. Los árboles caídos son fáciles de talar.

Nunca estudié relajada. Quizá en el último curso, con una profesora a la que tengo especial cariño, y cuya asignatura no pude disfrutar del todo, debido a lo que estaba por acontecer. Sabía que todo iría mucho peor cuando terminara la carrera. El mundo real espera fuera, agazapado como un tigre de Bengala dispuesto a devorarte. Nunca he ido con suficientes defensas por la vida, sabía que no lo superaría. Intenté hacer un master, intenté hacer más cursos, intenté creérmelo un poco. Lo necesario para no quedarme en casa aterrorizada.

Han pasado tres años y sigo en esa posición. Como no he aprendido a venderme, he dejado progresivamente de pintar. Ahora sólo hago algún garabatito cada dos meses. Algunos de ellos, mientras hablo por teléfono. Trabajo de camarera en una heladería. Corto fruta, sirvo cafés y helados, limpio los baños y preparo crêpes. El trabajo está bien y me da para pagar mis cuentas. Me he quemado las manos dos veces, y hace un par de semanas me corté con un cuchillo de treinta centímetros en la mano izquierda. Fue muy espectacular, pero al final no hicieron falta puntos. Los clientes suelen ser amables, pero muchas veces tengo miedo de estar sola en el local. Hace unos meses tuve que echar a un pervertido del baño, presa de un ataque de pánico. Han intentado colar billetes falsos muchas veces y timarme otras cuantas. Este sábado lo consiguieron, y desaparecieron cincuenta euros. Tenía que haber estado atenta, y no fui capaz. Son cosas que pasan. Mi jefe ayer me dijo que me lo descontará del sueldo.

Son tiempos difíciles, es la frase más escuchada de los últimos tres años. Me despidieron de mi primer trabajo el mismo día que quebró Lehman Brothers. Se supone que me tiene que dar igual, que elegí ser artista para ser feliz. Que la Crisis (con mayúsculas, ya que ha cobrado personalidad propia a base de darle cuerpo y carácter a la repetición) a mí no me tiene que afectar, porque ya sabía de sobra que este mundo, tal y como está montado, no necesita artistas. Todos los días trato de recordar qué me motivaba cuando estudiaba, qué me inspiraba a la hora de dibujar. Muchas veces no lo recuerdo. La mayor parte de los días estoy triste, y sé que la gente se da cuenta. Es cansino. Realmente ni sé explicar por qué, y la verdad es que ni me molesto en hacerlo. Es frustración, es desidia, es hartazgo, es que me da rabia haber estudiado como una condenada para terminar exactamente igual que si no lo hubiera hecho, que adivinen. No voy a hablarlo otra vez.

Los días pasan lentos y pegajosos. Hoy ha empezado el verano. Últimamente sólo leo novelones decimonónicos, y va acorde con mi estado de ánimo: estoy leyendo "La Regenta". Trato de no ver noticias sobre el tiempo y la playa en los telediarios. Veo "Saber y ganar", mi compañera de piso me anima a que participe, pero la calculadora, así como el terror televisivo, se me resiste mucho. A veces sueño con imágenes, con dibujos, con pinturas. Se me ocurren ideas que podría desarrollar y narrar, pero las blindo para que no me persigan demasiado. Desde la barra de la heladería, miro hacia fuera y pienso si no valdría la pena intentarlo un poco más, tener esperanza, ser cabezota. Por una vez valdría la pena serlo.
Pero el tigre de Bengala suele darme más miedo, y sirvo otro café.

jueves, 19 de mayo de 2011

igual nos equivocamos


...y la arena de playa estaba bajo unos adoquines mucho más cercanos.

Resiste, aguanta.

Me moría de ganas de contártelo.

Sin miedo, hasta el final.


lunes, 16 de mayo de 2011

Escuchar es el mejor homenaje






A veces, sin más, el mundo se para.

In memoriam.

lunes, 9 de mayo de 2011

Buscando excusas para no enfrentarse a la vida real


Algunos lo hacemos todo el tiempo.

Llevo unas cuantas semanas con ganas de ponerme de nuevo a estampar. Las neuras se van tan rápido como vienen, pero esta lleva más de siete días conmigo. Debe ser amor.
Es lo que más me ayudó cuando ocurrió todo. ¿Acaso no le debo unos mimos extras?

Y cuando uno tiene ganas de sacarle la lengua a esa vida real, en el metro, dentro de los vagones suenan cosas como esta. Una guitarra por un lado, empiezas a cantar, de pronto aparecen los saxos y alguien lleva un piano escondido debajo de la manga.



La imaginación es un caramelito cuando te das cuenta de que has perdido esperanza, que es como perder fuelle. Da igual ocho que ochenta, todo va de culo y sin frenos.
Y entonces recuerdas cómo era todo antes.
Sonaban cosas así.

No me gustas, vida real. Te trago porque no me queda otra, sí. Por lo menos déjame poner la música que me parezca.

miércoles, 20 de abril de 2011

Instantes de gloria



Volver a casa del colegio y que me dieras un bocadillo. Ser arropada por la noche. Que me contaras fábulas indias. Estar en la cocina leyéndote un libro. Recibir un mensaje. La playa, el pan con tomate, agosto. Ir a tus clases. Una caña por la tarde. La piel de tus manos. Sacar al perro por el parque. La mañana en la que te encontré muertita de risa en la cama, las dos sabemos por qué. Bailar a Bob Marley en el estudio. Cuando me llamabas princesa. La tarde que canté para ti en Zattere. Los helados de café y chocolate con guindilla en un banquito del Campo Santa Margarita. Nuestro rinconcito del Soho. Ay, nuestra habitación. Los momentos cercanos al surrealismo en los probadores de alguna tienda. Cuando en un hospital, aun estando malita, me soltaste aquello de “Yo soy de la pata del Cid”, con guasa. Tu manera de fruncir el morro al asentir. Cuando te salían dejes madrileños. Cuando te salían dejes leoneses. Comer tu pastel de verduras. Cuando vacilabas a los conductores fanfarrones. Aquella noche bajo la luna llena en Altea. Tus ataques de risa-reacción en cadena. Tu voz. Cuando te tomaba el pelo yo a ti, que tampoco está mal. El cabo Vidio. Los achuchones diarios. Qué bonito pelo tienes, carabí. Los motes que me ponías. Las siestas veraniegas. El viaje en el Mini rojo. El día que me contaste que en la sala de operaciones sonaba Radio Futura y eso alivió tu angustia. Cuando me hablabas en inglés, para vacilarme también, claro. Levantarme de noche por insomnio y que me dejaras quedarme contigo en el sofá viendo algo en la tele. Los disfraces para las fiestas del Palmeral. The Beatles. Tu olor a White musk. Tus palabras de ánimo. Tus besos.

Tengo una vida llena de instantes de gloria y prácticamente todos tienen que ver contigo. Tengo que esforzarme para no olvidar nunca ni uno. Jamás. Sigo hablándote a ti, nunca en tercera persona. Me parece que no sería justo. Esto es algo entre tú y yo. Me hago siempre un lío con los tiempos verbales. Porque tres años siguen siendo nada para olvidar.

Hace poco realmente comprendí que mi infancia contigo había sido estupenda, pero que aún me quedaban tantos días por compartir, tantas horas cuajadas de amor, tanto camino juntas, toda mi vida de adulta junto a ti, toda la vida por delante...Que te marchaste en el momento en el que teníamos la mejor relación, en el que habíamos llegado a un maravilloso punto de no retorno, en el que nada, salvo la muerte, podría derrumbarlo.

Y desde hace tres años, yo tengo que acostumbrarme a vivir en un mundo que no comprendo, un mundo que me cuesta creer que pueda seguir existiendo sin ti.

Por eso, y porque sigue siendo difícil, porque siego llorando mucho a pesar del tiempo, tengo que inventarme estrategias para llevarlo con tranquilidad.

Los calendarios podrán decir misa. Yo prefiero pensar que estás durmiendo en la jungla, en la inmensa jungla, como el león.

Por eso, y porque hay que seguir sonriendo, seguiré llenando mi cofrecito de momentos especiales, porque cada día que pasa recuerdo uno diferente. Y además, qué diablos, vivir es bonito.

Chus Gª Revuelta. 20 Julio 1955 – 20 Abril 2008


The Tokens – The Lion Sleeps Tonight (Wimoweh)

Little Richard – Good Golly Miss Molly

Mercedes Sosa – Alfonsina y El Mar


1, 2, 3, 4, tell me that you love me more.




domingo, 17 de abril de 2011

730 días ladrando



Me encanta que el aniversario con Mr Ramos caiga en domingo de ídem.


Báilese meneando el culo de un lado a otro.

Feliz!!

martes, 5 de abril de 2011

Baby boom


"Sería muy injusto culparos del desastre que está ocurriendo. Nosotros culpábamos a nuestros mayores, de lo mal que habían construido el mundo, de lo mal que se habían organizado, de haber aguantado callados un atropello tras otro, de no haber luchado lo suficiente.
Nosotros nos encontramos con un solar, con un arrabal, con todo por hacer. Pero vosotros sí que lo tenéis difícil; vosotros os estáis encontrando los escombros, y los cascotes se os vienen encima. Continuamente. Vosotros estáis pagando lo mal que lo volvimos a hacer."

Gracias, Belén.

Yo inicio la maniobra de evasión.




Habíamos dicho que no teníamos miedo, ¿no?

sábado, 19 de marzo de 2011

Me alegro de que te guste


Colgaría alguna canción más, pero es que no he vuelto a hacer ninguna.
Quizá con el tiempo me vuelva a animar.
Ahora ha llegado el sol y tengo que salir de casa.

Y ahora, un trabajito freelance.


En general, sigo perdiendo bastante el tiempo. Todos los días un poquito.

Y últimamente, tengo migraña los miércoles.


Ennui de vivre.

martes, 22 de febrero de 2011

My mother and me 1983


Las primeras creaciones suelen ser siempre las más sinceras.
Puede que no las mejores, pero sí las más honestas.

Si todos los mensajes han servido para que tome el micrófono, ya han servido para algo.

Supongo que no te parecerá gran cosa, pero lo he hecho con el recuerdo de aquel último día abrasándome la piel.
Espero que lo escuches.

Estoy aprendiendo.

lunes, 21 de febrero de 2011

Algunas cosas que sabías que terminarían pasando


Una de ellas es, por ejemplo, colgar muchos textos en internet sabiendo que hay mucha gente que pasa de poner referencias a la hora de copiarlos y pegarlos. Esto es el mundo de los blogs. Hace poco alerté a un amigo de que un ingeniosísimo texto suyo circulaba por la red bajo la autoría de por lo menos cuatro individuos. Claro que nos fastidia, pero lo que tendríamos que hacer es no colgarlos. O por lo menos aguantarnos.
Pues bien, me han soplado que me ha pasado a mí. Que ya tiene bemoles, para lo poco que escribo. Se trata de una pequeña pieza que acompañaba a un libro-objeto realizado hace cuatro años, durante la estancia en Venecia, cuyo título corresponde al de la fotografía.

Algo me dice que esto no está del todo bien, después del sonado caso de una ilustradora que ni siquiera se molestaba en quitar marcas de agua de dibujos ajenos, pienso que todo tiene un límite.

Aún no tengo muy claro como diferenciar en textos escritos el apropiacionismo o la inspiración del fusilamiento, puede que fuera sin mala intención, de manera que no pienso colgar el link de la aludida.
Simplemente que sepa que lo he visto, porque creo que ya le han dicho algo.
Y que registro mis cosillas, vaya. Por si más adelante hay tentaciones.

jueves, 17 de febrero de 2011

Ascos y aspiraciones


Me gustaría ser una mujer de negocios, y así poder experimentar lo que es hablar por el manos libres del móvil, caminando por la calle, sin sentirme gilipollas.

Y a dos días de mi examen, me voy de pajareo, porque ver arte me relaja, aunque ARCO tampoco está mal.

Próxima entrega: por qué me gustaría llevar un cardado rojo para sentirme una diva en una feria de arte, que no necesariamente en la calle.

jueves, 10 de febrero de 2011

Irremediable realidad


Hemos de reconocer, por mucho que nos duela, que en el pop, así como en otras artes, los anglosajones nos llevan mucha ventaja, y no es sólo una cuestión de talento.

Y a los hechos me remito.
No es lo mismo cantarle a Penny Lane que a Arroyo Fontarrón.
No señor.

Pero no hay de qué preocuparse. Siempre podemos presumir de que nosotros bailamos mejor.

Arroyo Fontarrón está en mis ojos y en mis orejas. Podía ser peor y haber vivido en la calle Corregidor Diego de Valderrábano.



martes, 1 de febrero de 2011

Un eterno musical




La sombra de la indiferencia es alargada.

Llevo dos días haciendo coreografías imaginarias por la plaza de Olavide, sintiéndome muy retro.

And one, and two.

He vuelto a estudiar y a conocer otra biblioteca. A subrayar, a repasar, a memorizar y a ponerme tapones en los oídos.

Y de vuelta a casa, baile.

Debería saberlo.
Espero no haber tomado la decisión equivocada.
Por lo menos alguna he tomado.

Lift up your hearts and sing me a song...


Sing it again...

Nadie sabe que estamos bailando.