miércoles, 12 de diciembre de 2012

Así se baila el siglo XXI


Con la crisis económica
con la austeridad
con los bonos basura
y con la productividad.

Con el crecimiento
con la optimización
con Standard and Poor’s
y con la corrupción.

Con la corrupción
Se baila el siglo XXI
Así se baila el siglo XXI.

El siglo XXI se baila (se baila)
el siglo XXI se baila
con la corrupción.

Con la recesión
con la eficacia
con la eficiencia
y con la democracia.

Con Angela Merkel
con Barak Obama
con Dominique Strauss-Kahn
y con los Lehman Brothers.

Con los Lehman Brothers
Se baila el siglo XXI
Así se baila el siglo XXI.

El siglo XXI se baila (se baila)
el siglo XXI se baila
con los Lehman Brothers.

Con la fuga de cerebros
con el desempleo
con el desarrollo
y con el rescate financiero.

Con los recortes
con los aeropuertos
con el capitalismo
y con la prima de riesgo.

Con la prima de riesgo
Se baila el siglo XXI
Así se baila el siglo XXI.

El siglo XXI se baila (se baila)
el siglo XXI se baila
con la prima de riesgo.

Con la subida de tasas
con la subida del IVA
con la obsolescencia
y la generación perdida.

Con el 15-M
con antidisturbios
con los mayas
y con el fin del mundo.

Con el fin del mundo
Se baila el siglo XXI
Así se baila el siglo XXI.

El siglo XXI se baila (se baila)
el siglo XXI se baila
con el fin del mundo.



Esta pequeña pieza se trata de una adaptación de una canción original del grupo catalán Hidrogenesse, “Así se baila el siglo XX”, lanzada en el año 2000 a través de internet. En ella, se hace un repaso de los cambios que ha supuesto el siglo XX para la humanidad, desde inventos materiales (silla eléctrica, cafetera) a hechos fundamentales de la historia (el muro de Berlín, las Grandes Guerras) así como a personajes de referencia (Mahatma Gandhi, JFK, Mao Tsé Tung).

Llevamos poco más de una década del siglo XXI, y escuchar esa canción ahora es como leer un viejo libro de historia. El transcurso del tiempo ha cambiado, estableciendo nuevos enlaces y conexiones que lo hacen fluir de una manera cada vez más veloz. La obsolescencia lo impregna todo de tal modo que apenas tenemos sensación de estar en el trayecto, de sentir el proceso.

Por lo tanto no hay que esperar un siglo más para hacer otro repaso a modo de inventario.

Al igual que en la canción original, no se ha respetado cronología alguna. En esta adaptación lo que se pretende es jugar con los conceptos y términos utilizados en los medios, la prensa y también la calle, aquellas palabras que desde que comenzó la crisis, se han convertido en parte fundamental del lenguaje que empleamos.

Para acabar con la crisis, bailad con ella.


Podéis encontrar la canción original aquí:






Lucía Inthesky, 12 de diciembre de 2012

viernes, 20 de julio de 2012

Lo que duele un verano


Hoy me marcharé unos días a Alicante. Es el único refugio que tengo, el que sólo existe en verano. Para mí, nuestra casa, aquella en la que pasábamos toda la estación estival, no existe fuera de ella. Podíamos ir en navidades, en las vacaciones de Semana Santa, pero era un espejismo, porque la casa, las palmeras, los árboles que rodean los bloques de ladrillo naranja, la arena de la playa, sólo existe del 21 de junio al 21 de septiembre. una vez que nos vamos de allí, todo se desvanece.
Ya no te gustaba estar allí en verano. Te resultaba polvoriento, desagradable. Buscábamos pequeños refugios con encanto donde pudieras imaginar que estabas en cualquier otra parte. A mí me daba un poco de rabia, porque tenía la impresión de que tenemos tendencia al descontento constante. Para mí, llegar era una fiesta, me faltaba tiempo para ponerme el bañador y bajar corriendo a la piscina antes de preparar los bocatas para ir a la playa. Yo siempre me sentía muy feliz, porque los veranos eran eternos y húmedos, lo suficientemente largos para que deseara volver al colegio en septiembre. Nos bronceábamos, bebíamos horchatas y granizados, comíamos arroz, desplegábamos toda la operativa de turista madrileño. Éramos irracionalmente comunes. Quizá me gustaba por eso, porque por una temporada no sentía la presión de tener que estudiar mucho y sobresalir. Era divertido, hedonista, sin aspiraciones.


Ahora pasar el verano allí es ver pasar todos los veranos de mi vida ante mis ojos. Me quedo sola, muy callada frente al mar, bajo las palmeras, expuesta al sol y al salitre. Trato de respirar y pienso en cuando me cantaste una tarde en la playa de Santa Pola una canción de Serrat. Pienso en las cenas en nuestra terraza, y pienso en nosotras dos por las carreteras de la provincia, en los espigones y los valles de naranjos. Pienso en el sabor del verano, con sus días abrasadores y las noches de brisa marina meciendo las cortinas. Pienso que nunca ha dolido tanto un verano como ahora, que ya no estás para verlo conmigo. Ahora los veranos hieren como cristales bajo las uñas y nunca me he sentido tan sola.
Ahora que ya no estás, sigo siendo feliz, pero un poco menos.


En mi recuerdo nunca serás mayor, tu belleza no se marchitará, siempre permanecerás como orquídea salvaje y nocturna, como un pequeño tesoro en el fondo de la jungla. Siempre resplandecerá la melena rojiza al sol de Alicante, siempre los ojos almendrados flotantes en tu rostro ovalado y terso, siempre como una perla engarzada sobre terciopelo. No cambiarás nunca, no te arrugarás en la memoria. Así te fuiste, sin hacer ruido, sin una palabra, sin que me diera cuenta ya no estabas aquí, y cada 20 de julio me falta una celebración y me sobran años de vida. Quiero hacer una tarta que lleve mi corazón dentro, para que sepas que querría seguir celebrando cada año que pasa. Que nunca me hubiera importado que envejecieras. Que no necesito a Greta Garbo de madre, que te quiero a ti, y quiero que vuelvas conmigo a Alicante. Que quizá es polvoriento y abrasador, pero es nuestro refugio. Es nuestro. 
Vamos a hacer que exista el resto del tiempo.


Se oye el mar a lo lejos. Una vela encendida recordará que esta noche debería ser para las dos.

viernes, 13 de julio de 2012

La soledad de las princesas.



María Teresa de Saboya Carignano, princesa de Lamballe, era una de las aristócratas y amiga más cercana de María Antonieta. Nacida y criada en Turín, ostentó desde la cuna el tratamiento de Su Alteza Serenísima. Se convirtió en Princesa de Lamballe por su matrimonio con Luis Alejandro de Borbón, del que enviudó siendo aún joven, debido a una enfermedad venérea.
La princesa de Lamballe era conocida por su dulzura, belleza y sus obras de caridad, convirtiéndola en la mujer ideal según los cánones de la época. Su amistad con María Antonieta comenzó cuando ésta se convirtió en Delfina de Francia por su matrimonio con el futuro Luis XVI. Su relación siempre fue fiel y sincera, incluso cuando la Reina fue convirtiéndose en una persona frívola y alejada del pueblo, interesada sólo en las fiestas y el placer. Su carácter piadoso y entregado no hizo que olvidara a su amiga, incluso cuando ella le había dejado de lado por otras diversiones. La princesa de Lamballe siempre defendió a la Reina frente a todos los escándalos que le acompañaban, suponemos también que tras sus celebérrimas y discutidas declaraciones sobre pan y pasteles.





En 1789 el pueblo toma la Bastilla, azuzado por el clima de tensión y desigualdades sociales extremas en el que se vivía. En 1791, en plena Revolución, la Princesa consigue huir a Inglaterra, pero termina regresando a Francia, preocupada por la Reina, aun a sabiendas de que corre grave peligro. Es detenida y llevada a la prisión de la Forcé en agosto de 1792.
El 2 y 3 de septiembre de ese mismo año, tuvieron lugar las llamadas matanzas de septiembre. Una muchedumbre enfurecida asaltó las prisiones donde se encontraba, entre otros muchos, la Princesa. Nadie tuvo piedad con ella. Fue asesinada a golpes, ultrajada y descuartizada. Se habla de que algunos comieron trozos de su cuerpo, acompañados de pan. Suena a broma negra, pero en este caso, el pueblo se comió a la nobleza, literalmente. No es ni siquiera metafórico.


Tras ser decapitada, su cabeza fue impecablemente maquillada y peinada, y colocada en la punta de una pica, para que fuera bien vista por las calles de París. La muchedumbre, en marcha, se dirigió hacia la prisión en la que se encontraba la todavía Reina. Iban a enseñarle el destino de su fiel amiga, que pronto sería el suyo propio. El poder descabezado.
María Antonieta no llegó a verlo, pues cuando le comunicaron el regalo que le mostraba el pueblo bajo su ventana, fue víctima de un oportuno desmayo.


Todos sabemos el final de la Reina.


Muchas veces no recordamos que la historia es pendular, que se mueve entre los mismos valores que oscilan hacia un lado y el otro. Siempre volvemos al punto de partida, es como el juego de las escaleras y las serpientes, en el que cuando crees haber ascendido un nivel, siempre habrá un obstáculo que te lance hacia abajo. Los reyes franceses seguramente también subían los impuestos diciendo que era "la única solución para Francia". No tenía remedio. Se metían en guerras, jugaban al Risk, en sus tableros de mármol y en sus terrenos. Comían pasteles, bebían champán, correteaban en sus jardines, conspiraban tras los cortinajes. Tiraban los dados esperando siempre sacar una cifra ganadora y se dedicaban a las obras benéficas con la piedad blanda de quien no ha salido nunca fuera de los muros de Versalles. Aplicarían esos ajustes con dolor, ese arrepentimiento católico que hace falta tener justo antes de morir, pues el arrepentimiento lleva al cielo. Ya podemos ser unas bestias sin entrañas en vida, que rezando un par de oraciones, pidiendo perdón, haciendo penitencia diez minutos, tienes ganado el cielo. Cuando no dio tiempo al arrepentimiento, pues un campesino hambriento estaba tirando la puerta abajo, se horrorizaron ante la crueldad del populacho, la insensibilidad y rudeza de esa raza inferior. La reina fue una víctima, como la princesa de Lamballe. ¡Pobre María Antonieta! suspiran los monárquicos. ¡Pobre María Teresa! Toda la vida siendo tan dulce, tan piadosa, para acabar fagocitada por un hatajo de analfabetos. La Reina, todo su mandato representando a un pueblo que la quería sin corona, más bien, sin cabeza.


Lo que verdaderamente hay que conseguir es que nadie se plantee que es terriblemente peligroso para los intereses de una élite que el pueblo tenga comodidades. El pueblo tiene demasiado dinero, demasiadas facilidades, vamos a tener que quitárselo, dijo el poder. Así nosotros podremos seguir jugando al Risk, comiendo pasteles y foie, seguir bebiendo champán, seguir correteando por hoteles de lujo, por Marbella y Sotogrande, podremos seguir conspirando tranquilamente en los pasillos del Congreso y del Senado, podremos seguir repartiéndonos puestos de altos consejeros de empresa, podremos seguir apretándole las tuercas a los ciudadanos, pero eso sí, con un profundo dolor, el dolor de lo irremediable. La piedad blanda de quien ostenta desde el nacimiento el título de Alteza Serenísima, o hijo, o nieto, o hermano o cuñado de. Para nosotros, las cifras de los dados siempre salen ganadoras.


Hay que hacerles creer que no esperábamos este estallido. Que estas medidas ocurren porque no hay otra solución. Todo esto estaba más que planeado, pero ahora blindaremos este status con la pátina de la democracia, no vaya a ser que nos pase como a María Antonieta.





A veces me pregunto si, cuando algún ciudadano de ex clase media hambriento derribe su puerta, enfurecido, ellos creerán realmente que son las víctimas. 
Ellos, que nos han brindado pasteles cuando no teníamos dinero para pan.


Pobre Princesa de Lamballe. Pobre María Antonieta. Pobres Nicolás y Alejandra Fiódorovna, y sus hijas, las princesas. Fue terrible su destino. Nadie está preparado nunca para ser destronado por un hatajo de analfabetos hambrientos.

lunes, 25 de junio de 2012

El verano de la lagartija




En estos días en los que doy pocas señales de vida, me dedico, básicamente a escribir mi TFM, que para los que no lo sepáis, significa Trabajo Final de Master. Es lo que antes era una tesina, aunque el otro día me dijeron que no era exactamente así, sino algo mucho más simple. Tampoco equivaldría a lo que antes se llamaba DEA. ¿Qué es un TFM pues? Un trámite para pasar al doctorado, básicamente. ¿Desde cuándo me quiero doctorar? No lo sé, pero algo tendré que hacer mientras el mundo se hunde.
El caso es que llevo escribiéndola ya unos meses, pero he pegado un verdadero acelerón ahora, lo cual me tiene muy contenta por un lado y hastiada por el otro. Calculo que será un tostón de algo menos de 100 páginas (que es el máximo permitido) que entregaré el día 6 de julio a más tardar, y que tras ese glorioso momento me dedicaré a hacer dos cosas, una detrás de la otra:
1. Quemar Madrid en un fiestón antológico con todos mis compañeros de Master (ellos me apoyan).
2. Buscar una manera de viajar económica hasta un lugar de costa en el que me espanzurriaré hasta volver a recuperar el tono cerebral.

Últimamente he descubierto lo que es viajar sin un duro prescindiendo de Renfe y Alsa, es decir, buscando a alguien que lleve coche y quiera compartir gastos. Ya he viajado así a más de un lugar teniendo divertidas experiencias, y esta vez no será diferente. Al paso que va el incremento de precio del metro, me va a costar más irme a comer un domingo a Moratalaz que irme a comer paella a Alicante.

Llevo leyendo libros para mi bibliografía desde que comenzó el curso (y aún no he parado), he dejado apartada la literatura de ficción. He aprendido mucho de filosofía, de antropología, de teoría del arte y de estética, pero estoy francamente hasta el moño y el cerebro me echa humo, así que según entregue mi trabajo final, voy a entrar en un breve proceso de desintoxicación unos días para volver a ser una persona normal y no un fichero de biblioteca.
Y aquí es cuando requiero de ayuda de algún lector.


Estoy haciendo una lista de libros (novelas, principalmente) que me apetece leerme a partir de esas fechas. Según aprieta el calor me entran unas ganas locas de leer algo que me transporte a otro lugar que no sea el asfalto de Madrid (hoy alcanzaremos temperaturas de 39 grados, señores, deben entenderme). De hecho creo que los libros que más recuerdo siempre son aquellos que me he leído en verano. Debe ser que la luz y los días largos crean una atmósfera especial.
El requisito cuasi indispensable es que la acción transcurra en verano. Soy de las que creen que el mundo se va a acabar (por una cosa o por otra) y puede que este sea mi último verano, así que tendré que aprovecharlo y vivirlo intensamente. Y los novelones veraniegos me gustan especialmente. Me da igual si se desarrollan en ciudad, en el campo, en la montaña o en la costa, pero quiero leer más y los quiero leer ya. Bueno, cuando termine el proyecto final.


Espero sugerencias (públicas o privadas) y termino con una cita del libro más bonito que he leído para mi TFM:


‎"Los fotógrafos son ante todo viajeros: son como insectos en desplazamiento, con sus grandes ojos sensibles a la luz. Forman un enjambre de luciérnagas avisadas. Luciérnagas ocupadas en su iluminación intermitente, sobrevolando a baja altura los extravíos de los corazones y los espíritus del tiempo contemporáneo. Tic-tac mudo de las luciérnagas vagabundas, pequeños resplandores breves (...) con el añadido de un motor que hará de la mirada atenta una salmodia de la luz, clic-clac de luz, clic-clac."

Georges Didi-Huberman citando a Daniel Roche, "La supervivencia de las luciérnagas"

sábado, 12 de mayo de 2012

Panic on the streets of Madrid



Marchaba por una calle repleta de gente, pero avanzando. Era una noche clara, alumbrada por las farolas de la ciudad. Me acompañaba un amigo, charlaba con tranquilidad, me sentía feliz por estar allí. No había ninguna sensación de peligro, lo único necesario era seguir caminando. Todos reíamos y conversábamos. Nada malo ocurría. 
De pronto algo cambió, sin previo aviso, escuchaba voces y la gente comenzó a correr. No me dio tiempo a reaccionar, mi amigo desapareció entre la multitud. De las calles adyacentes aparecieron decenas de policías antidisturbios, quizá cientos. Oía el ruido de sus botas golpeando contra el pavimento, marchando en una sinfonía militar. Entraron en el cruce de calles donde nos encontrábamos como una manada de elefantes furiosos, agitando sus porras, atropellando con los escudos. El miedo me paralizó y no supe que hacer. Me sentía como en una ratonera, y de pronto pensé que lo normal era mantener la calma. Caminar sin correr, como me habían enseñado en el colegio en caso de incendio. No estábamos haciendo nada malo, no había por qué huir. Llevaba una bolsa con material de clase, y pensé que quizá pensaran que iba de botellón y que lo que en realidad había en la bolsa era alcohol. Pero no corrí, seguí caminando, demostrando que no estaba asustada, que no podían asustarme. 
Sin embargo la policía asediaba a la gente, y a los pocos segundos supe que estábamos atrapados. Y lo peor vino cuando aquellos que estaban a mi lado comenzaron a caer al suelo. Estaban disparando, y quedaban tendidos en la acera y atropellados por la multitud. Era como una cacería, en toda regla. Entonces sí que comencé a correr, aterrorizada, despavorida. No podía parar, no sabía por qué calle meterme, me sentía torpe, pero el miedo era más fuerte y no podía frenar, ni mirar hacia atrás.
Conseguí salir de allí, encontrar un camino tras un montón de calles oscuras y desembocar en una plaza amplia con una gran fuente. Todo el mundo se concentraba alrededor, cantando y gritando. Tuve la impresión de haber visto esa escena en algún documental histórico, o en alguna película, o quizá me sonaba porque me lo habían relatado mis padres. No era una celebración exactamente, pero sí una demostración de fuerza, casi de orgullo. 
Ya no había policía, pero entonces yo estallé y comencé a llorar de rabia, a gritar, a chillar todo lo que la garganta me daba de sí.
Después del grito más fuerte me desperté.

Espero que esto no sea una premonición, porque hoy pienso salir a la calle.




viernes, 20 de abril de 2012

Hay una luz que nunca se apaga





Desde hace cuatro años, la vida se ha transformado en una sucesión de supuestos.
Qué harías tú si estuvieras en esta situación, qué dirías, qué consejo me darías.
Sé muy bien los momentos en los que te divertirías, en los que te partirías de risa conmigo, también los momentos en los que sufrirías. Estoy completamente segura de que estarías indignada. Más que indignada, sé que resoplarías de furia y que igual, tú, tan tranquila y pacífica, estarías llamando a la revuelta. Puede que incluso la estuvieras haciendo. Con cariño, pero armándola.
Sé que hubieras puesto una dosis de sensatez en las grandes decisiones, dando consejos acertados. Probablemente también hubieras añadido un punto cómico a las situaciones más trágicas, cuando todos hemos estado agobiados. Tu incansable optimismo nos hubiera hecho seguir adelante con fuerza y tu presencia hubiera evitado toda nuestra angustia. Tu luz, tu luminosidad, hubiera sido nuestro faro en la noche espesa.
Las cosas serían tan fáciles si siguieras aquí…

Desde hace cuatro años nos movemos en una telaraña invisible y pegajosa, tejida con el hilo de la ausencia. Trepar por ella supone tener que pensar en qué harías tú si estuvieras con nosotros. Buscar sin descanso tu reflejo en cada palabra, cada gesto, cada acción. Ser fuerte sin dejar de ser frágil. Ser austera sin dejar de ser coqueta. Ser paciente sin dejar de ser guerrera. Ser tenaz sin dejar de ser cariñosa.

Hoy es 20 de abril como aquel día en el que nuestras vidas, las de todos los que te queríamos, se frenaron en seco. El peso del tiempo cayó sobre nuestros hombros. Esa mañana supe que nunca volvería a ser la misma, porque seguir viviendo sería como volver a reconstruir un montón de escombros amontonados en un solar, y en ese momento estaba demasiado cansada para imaginarlo. No había posibilidad de seguir sin ti. Era como perder la brújula, como si se hubieran nublado las estrellas. El faro se había apagado. Habíamos perdido el rumbo para siempre.
Nadie está preparado para perder al amor de su vida. Siempre es demasiado pronto.
A veces sueño con la frase que quería que me dijeras: estoy mejor. Mejor, nunca más voy a pasar por esto. Ahora nos queda el resto de nuestras vidas para estar juntas, riendo y siendo felices, nunca más se empañará por una visita al hospital, por unos análisis, por unos resultados. Podremos hacer todo lo que siempre deseamos, nada ni nadie nos lo va a arruinar.
Sólo tú eras capaz de hacer esa promesa, ser felices para siempre, y cumplirla.
Y todavía en ocasiones me sorprendo, como al principio hacía el perro mirando hacia la puerta, esperando a que vuelvas.

Desde hace cuatro años vivir es una constante hipótesis. Porque ahora sólo yo recuerdo Venezia, nuestra habitación de Londres, la ranita de San Antonio, el helado azul (¡cielo de Moratalaz!), el león que duerme en la jungla, no woman no cry, el Retiro, el pijama para no tener miedo, el banquito de Santa Margherita, Anaïs Anaïs, Ganesh y Santa Lucía, la siesta de verano, veneno en la piel, las guindas al marraschino, las estrellas en Altea.
Todo ha quedado fraccionado e interrumpido, porque ya no estás y comentarlo sin ti no tiene gracia ni sentido. Es un eterno bucle vacío de lógica. Un disparate si no aportas la segunda parte. Una ecuación imposible de resolver. La frustración de sentir que estás permanentemente apagada o fuera de cobertura.
Desde hace cuatro años tengo el corazón roto y no hay pegamento que pueda recomponer este desaguisado. Y sé que si te plantaras aquí me dirías que me estirara (lo primero), que tu chica es fuerte y que puede con todo…y que recogiera mi cuarto, por el amor de dios. Y yo sacaría una risa del llanto. Porque a pesar del tiempo, de que el dolor se difumina aparentemente, de que no haya un instante para recobrar el aliento, yo sigo recordándote con la misma o mayor intensidad, y cuando llega este día pienso que cada vez es más hondo el vacío que has dejado, e igual de fácil romper a llorar cuando hablo de ti. Pero por otro lado tengo que insistir en tu recuerdo para creer que aún hay luz dentro de la noche, la jungla, la niebla.

Hoy hemos pedido el día libre. Compraremos flores y las llevaremos a Moratalaz para tu madre. Ahora que sé cocinar, prepararé una tarta, pero debe ser una tarta perfecta, como sólo tú la harías. Por la tarde nos reuniremos todos, y después iremos a cenar. Trataremos de reír. Trataremos de ser como querías que fuéramos. Esta vez trataré de portarme bien. Que la tristeza no empañe la velada. Comer, beber, disfrutar, es lo que tenemos que hacer. Estará prohibido hablar de la crisis y del trabajo. No se mencionará el dinero. Se permiten chistes políticamente incorrectos, pero el mal humor será objeto de censura. No voy a permitir que nada lo estropee. Esta vez va en serio.

Yo llevaré margaritas, porque muy poca gente sabe que era tu flor preferida. Eso dice mucho de ti, no te gustaban las grandes apariencias, las cosas complicadas. La sofisticación se lleva por dentro y nunca se presume de ello. Quizá por eso tú, aunque te creyeras margarita, en realidad eras una orquídea salvaje, rara y especial.
Y créeme, nadie consiguió marchitarte nunca.

Chus García Revuelta. 20 de julio de 1955 – 20 de abril de 2008





martes, 17 de abril de 2012

La importancia de llamarse Mr Ramos



Hola, mi nombre es Mr Ramos y yo sólo quiero asustar a los niños.

viernes, 30 de marzo de 2012

Vuelve a decirme que no llore.




Y yo dejaré de hacerlo. Te lo prometo.

Sólo es que la primavera a veces se acerca peligrosa, con sus bordes afilados.
Las noches son largas, blancas. Duermo como un bebé y vuelvo a soñar, vuelvo a recordar, vuelvo a ser igual.
Llegas sin avisar.

Ahora tengo fiebre.

...je t'attends transi
sous une tuile de ton toit...

Tengo que creer, que confiar, y todo será más fácil, pero a veces me faltas tanto que duele.


lunes, 26 de marzo de 2012

Antes lo digo...



...antes se cumple.

Digo yo que a veces hay que permitirse ser feliz, y si alguien quiere amargarte, es su problema, no el tuyo.

"Always forgive your enemies, nothing annoys them so much." Oscar Wilde.


Foto de Luis María González Valdeavero. Holi Madrid 2012.


lunes, 5 de marzo de 2012

Mi son tornà da ti



Venezia...

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos...

viernes, 17 de febrero de 2012

Il filo dei sogni






Venezia è tessuta col filo dei sogni.
Ed io sempre devo inventare una scusa puerile per trovarla una volta di più.

Questa volta prometto di non piangere.
Prometto di non soffrire. No lo farò.
Ascolterò tutte le canzoni che ascoltavo e non mi faranno male.
Arriverò a la città come se fosse la prima volta.
Come se non fossi mai stata.

Perchè per ogni cosa c'è una volta, e questa è la volta di sfrutare.
Sará un bello erase and rewind.

Benvenuta. Sei già qui.



lunes, 13 de febrero de 2012

Always Look On The Bright Side of Life




Yo sé, queridos amigos, que no parezco una persona seria, pero es que aún no habéis comprendido que no tengo ninguna intención de serlo. Nunca la he tenido, y menos ahora, que se va a acabar el mundo.
Un título de Master no me va a salvar, pero no obstante, yo estoy siendo muy feliz.
Tampoco me hará rica, pero pese a las dificultades y las pequeñas tragedias cotidianas, a dios pongo por testigo que nunca faltará aceite de oliva virgen en mi casa.
Lo otro son cutrerías.

Y también os diré que no pongo mis trabajos en redes sociales ni blogs porque la gente es maleducada y los birla sin permiso para usarlos como les parece.
Pero que este año, monto una exposición. A Trotski por testigo, carayo.




martes, 17 de enero de 2012

Ese pequeño placer que sigue a la sorpresa...


...al descubrir que llevabas toda la vida equivocada pensando que no te gustaba el té Earl Grey.
Qué ignorancia la mía.

Esas son mis preocupaciones a día de hoy, dado que sigo en estado Zen.