viernes, 20 de abril de 2012

Hay una luz que nunca se apaga





Desde hace cuatro años, la vida se ha transformado en una sucesión de supuestos.
Qué harías tú si estuvieras en esta situación, qué dirías, qué consejo me darías.
Sé muy bien los momentos en los que te divertirías, en los que te partirías de risa conmigo, también los momentos en los que sufrirías. Estoy completamente segura de que estarías indignada. Más que indignada, sé que resoplarías de furia y que igual, tú, tan tranquila y pacífica, estarías llamando a la revuelta. Puede que incluso la estuvieras haciendo. Con cariño, pero armándola.
Sé que hubieras puesto una dosis de sensatez en las grandes decisiones, dando consejos acertados. Probablemente también hubieras añadido un punto cómico a las situaciones más trágicas, cuando todos hemos estado agobiados. Tu incansable optimismo nos hubiera hecho seguir adelante con fuerza y tu presencia hubiera evitado toda nuestra angustia. Tu luz, tu luminosidad, hubiera sido nuestro faro en la noche espesa.
Las cosas serían tan fáciles si siguieras aquí…

Desde hace cuatro años nos movemos en una telaraña invisible y pegajosa, tejida con el hilo de la ausencia. Trepar por ella supone tener que pensar en qué harías tú si estuvieras con nosotros. Buscar sin descanso tu reflejo en cada palabra, cada gesto, cada acción. Ser fuerte sin dejar de ser frágil. Ser austera sin dejar de ser coqueta. Ser paciente sin dejar de ser guerrera. Ser tenaz sin dejar de ser cariñosa.

Hoy es 20 de abril como aquel día en el que nuestras vidas, las de todos los que te queríamos, se frenaron en seco. El peso del tiempo cayó sobre nuestros hombros. Esa mañana supe que nunca volvería a ser la misma, porque seguir viviendo sería como volver a reconstruir un montón de escombros amontonados en un solar, y en ese momento estaba demasiado cansada para imaginarlo. No había posibilidad de seguir sin ti. Era como perder la brújula, como si se hubieran nublado las estrellas. El faro se había apagado. Habíamos perdido el rumbo para siempre.
Nadie está preparado para perder al amor de su vida. Siempre es demasiado pronto.
A veces sueño con la frase que quería que me dijeras: estoy mejor. Mejor, nunca más voy a pasar por esto. Ahora nos queda el resto de nuestras vidas para estar juntas, riendo y siendo felices, nunca más se empañará por una visita al hospital, por unos análisis, por unos resultados. Podremos hacer todo lo que siempre deseamos, nada ni nadie nos lo va a arruinar.
Sólo tú eras capaz de hacer esa promesa, ser felices para siempre, y cumplirla.
Y todavía en ocasiones me sorprendo, como al principio hacía el perro mirando hacia la puerta, esperando a que vuelvas.

Desde hace cuatro años vivir es una constante hipótesis. Porque ahora sólo yo recuerdo Venezia, nuestra habitación de Londres, la ranita de San Antonio, el helado azul (¡cielo de Moratalaz!), el león que duerme en la jungla, no woman no cry, el Retiro, el pijama para no tener miedo, el banquito de Santa Margherita, Anaïs Anaïs, Ganesh y Santa Lucía, la siesta de verano, veneno en la piel, las guindas al marraschino, las estrellas en Altea.
Todo ha quedado fraccionado e interrumpido, porque ya no estás y comentarlo sin ti no tiene gracia ni sentido. Es un eterno bucle vacío de lógica. Un disparate si no aportas la segunda parte. Una ecuación imposible de resolver. La frustración de sentir que estás permanentemente apagada o fuera de cobertura.
Desde hace cuatro años tengo el corazón roto y no hay pegamento que pueda recomponer este desaguisado. Y sé que si te plantaras aquí me dirías que me estirara (lo primero), que tu chica es fuerte y que puede con todo…y que recogiera mi cuarto, por el amor de dios. Y yo sacaría una risa del llanto. Porque a pesar del tiempo, de que el dolor se difumina aparentemente, de que no haya un instante para recobrar el aliento, yo sigo recordándote con la misma o mayor intensidad, y cuando llega este día pienso que cada vez es más hondo el vacío que has dejado, e igual de fácil romper a llorar cuando hablo de ti. Pero por otro lado tengo que insistir en tu recuerdo para creer que aún hay luz dentro de la noche, la jungla, la niebla.

Hoy hemos pedido el día libre. Compraremos flores y las llevaremos a Moratalaz para tu madre. Ahora que sé cocinar, prepararé una tarta, pero debe ser una tarta perfecta, como sólo tú la harías. Por la tarde nos reuniremos todos, y después iremos a cenar. Trataremos de reír. Trataremos de ser como querías que fuéramos. Esta vez trataré de portarme bien. Que la tristeza no empañe la velada. Comer, beber, disfrutar, es lo que tenemos que hacer. Estará prohibido hablar de la crisis y del trabajo. No se mencionará el dinero. Se permiten chistes políticamente incorrectos, pero el mal humor será objeto de censura. No voy a permitir que nada lo estropee. Esta vez va en serio.

Yo llevaré margaritas, porque muy poca gente sabe que era tu flor preferida. Eso dice mucho de ti, no te gustaban las grandes apariencias, las cosas complicadas. La sofisticación se lleva por dentro y nunca se presume de ello. Quizá por eso tú, aunque te creyeras margarita, en realidad eras una orquídea salvaje, rara y especial.
Y créeme, nadie consiguió marchitarte nunca.

Chus García Revuelta. 20 de julio de 1955 – 20 de abril de 2008





martes, 17 de abril de 2012

La importancia de llamarse Mr Ramos



Hola, mi nombre es Mr Ramos y yo sólo quiero asustar a los niños.