lunes, 25 de junio de 2012

El verano de la lagartija




En estos días en los que doy pocas señales de vida, me dedico, básicamente a escribir mi TFM, que para los que no lo sepáis, significa Trabajo Final de Master. Es lo que antes era una tesina, aunque el otro día me dijeron que no era exactamente así, sino algo mucho más simple. Tampoco equivaldría a lo que antes se llamaba DEA. ¿Qué es un TFM pues? Un trámite para pasar al doctorado, básicamente. ¿Desde cuándo me quiero doctorar? No lo sé, pero algo tendré que hacer mientras el mundo se hunde.
El caso es que llevo escribiéndola ya unos meses, pero he pegado un verdadero acelerón ahora, lo cual me tiene muy contenta por un lado y hastiada por el otro. Calculo que será un tostón de algo menos de 100 páginas (que es el máximo permitido) que entregaré el día 6 de julio a más tardar, y que tras ese glorioso momento me dedicaré a hacer dos cosas, una detrás de la otra:
1. Quemar Madrid en un fiestón antológico con todos mis compañeros de Master (ellos me apoyan).
2. Buscar una manera de viajar económica hasta un lugar de costa en el que me espanzurriaré hasta volver a recuperar el tono cerebral.

Últimamente he descubierto lo que es viajar sin un duro prescindiendo de Renfe y Alsa, es decir, buscando a alguien que lleve coche y quiera compartir gastos. Ya he viajado así a más de un lugar teniendo divertidas experiencias, y esta vez no será diferente. Al paso que va el incremento de precio del metro, me va a costar más irme a comer un domingo a Moratalaz que irme a comer paella a Alicante.

Llevo leyendo libros para mi bibliografía desde que comenzó el curso (y aún no he parado), he dejado apartada la literatura de ficción. He aprendido mucho de filosofía, de antropología, de teoría del arte y de estética, pero estoy francamente hasta el moño y el cerebro me echa humo, así que según entregue mi trabajo final, voy a entrar en un breve proceso de desintoxicación unos días para volver a ser una persona normal y no un fichero de biblioteca.
Y aquí es cuando requiero de ayuda de algún lector.


Estoy haciendo una lista de libros (novelas, principalmente) que me apetece leerme a partir de esas fechas. Según aprieta el calor me entran unas ganas locas de leer algo que me transporte a otro lugar que no sea el asfalto de Madrid (hoy alcanzaremos temperaturas de 39 grados, señores, deben entenderme). De hecho creo que los libros que más recuerdo siempre son aquellos que me he leído en verano. Debe ser que la luz y los días largos crean una atmósfera especial.
El requisito cuasi indispensable es que la acción transcurra en verano. Soy de las que creen que el mundo se va a acabar (por una cosa o por otra) y puede que este sea mi último verano, así que tendré que aprovecharlo y vivirlo intensamente. Y los novelones veraniegos me gustan especialmente. Me da igual si se desarrollan en ciudad, en el campo, en la montaña o en la costa, pero quiero leer más y los quiero leer ya. Bueno, cuando termine el proyecto final.


Espero sugerencias (públicas o privadas) y termino con una cita del libro más bonito que he leído para mi TFM:


‎"Los fotógrafos son ante todo viajeros: son como insectos en desplazamiento, con sus grandes ojos sensibles a la luz. Forman un enjambre de luciérnagas avisadas. Luciérnagas ocupadas en su iluminación intermitente, sobrevolando a baja altura los extravíos de los corazones y los espíritus del tiempo contemporáneo. Tic-tac mudo de las luciérnagas vagabundas, pequeños resplandores breves (...) con el añadido de un motor que hará de la mirada atenta una salmodia de la luz, clic-clac de luz, clic-clac."

Georges Didi-Huberman citando a Daniel Roche, "La supervivencia de las luciérnagas"