viernes, 20 de julio de 2012

Lo que duele un verano


Hoy me marcharé unos días a Alicante. Es el único refugio que tengo, el que sólo existe en verano. Para mí, nuestra casa, aquella en la que pasábamos toda la estación estival, no existe fuera de ella. Podíamos ir en navidades, en las vacaciones de Semana Santa, pero era un espejismo, porque la casa, las palmeras, los árboles que rodean los bloques de ladrillo naranja, la arena de la playa, sólo existe del 21 de junio al 21 de septiembre. una vez que nos vamos de allí, todo se desvanece.
Ya no te gustaba estar allí en verano. Te resultaba polvoriento, desagradable. Buscábamos pequeños refugios con encanto donde pudieras imaginar que estabas en cualquier otra parte. A mí me daba un poco de rabia, porque tenía la impresión de que tenemos tendencia al descontento constante. Para mí, llegar era una fiesta, me faltaba tiempo para ponerme el bañador y bajar corriendo a la piscina antes de preparar los bocatas para ir a la playa. Yo siempre me sentía muy feliz, porque los veranos eran eternos y húmedos, lo suficientemente largos para que deseara volver al colegio en septiembre. Nos bronceábamos, bebíamos horchatas y granizados, comíamos arroz, desplegábamos toda la operativa de turista madrileño. Éramos irracionalmente comunes. Quizá me gustaba por eso, porque por una temporada no sentía la presión de tener que estudiar mucho y sobresalir. Era divertido, hedonista, sin aspiraciones.


Ahora pasar el verano allí es ver pasar todos los veranos de mi vida ante mis ojos. Me quedo sola, muy callada frente al mar, bajo las palmeras, expuesta al sol y al salitre. Trato de respirar y pienso en cuando me cantaste una tarde en la playa de Santa Pola una canción de Serrat. Pienso en las cenas en nuestra terraza, y pienso en nosotras dos por las carreteras de la provincia, en los espigones y los valles de naranjos. Pienso en el sabor del verano, con sus días abrasadores y las noches de brisa marina meciendo las cortinas. Pienso que nunca ha dolido tanto un verano como ahora, que ya no estás para verlo conmigo. Ahora los veranos hieren como cristales bajo las uñas y nunca me he sentido tan sola.
Ahora que ya no estás, sigo siendo feliz, pero un poco menos.


En mi recuerdo nunca serás mayor, tu belleza no se marchitará, siempre permanecerás como orquídea salvaje y nocturna, como un pequeño tesoro en el fondo de la jungla. Siempre resplandecerá la melena rojiza al sol de Alicante, siempre los ojos almendrados flotantes en tu rostro ovalado y terso, siempre como una perla engarzada sobre terciopelo. No cambiarás nunca, no te arrugarás en la memoria. Así te fuiste, sin hacer ruido, sin una palabra, sin que me diera cuenta ya no estabas aquí, y cada 20 de julio me falta una celebración y me sobran años de vida. Quiero hacer una tarta que lleve mi corazón dentro, para que sepas que querría seguir celebrando cada año que pasa. Que nunca me hubiera importado que envejecieras. Que no necesito a Greta Garbo de madre, que te quiero a ti, y quiero que vuelvas conmigo a Alicante. Que quizá es polvoriento y abrasador, pero es nuestro refugio. Es nuestro. 
Vamos a hacer que exista el resto del tiempo.


Se oye el mar a lo lejos. Una vela encendida recordará que esta noche debería ser para las dos.

1 comentario:

mnfb77 dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=bpcYwZr6L2o

Leyendo tu post me vino a la cabeza esta canción...