jueves, 21 de febrero de 2013

Antes de que se abra la veda




Madrid on fire.

No deja de llover. El sol se molesta en salir sólo cuando va a ponerse. El cielo se incendia en llamas y yo recuerdo cómo hubiera sido el invierno según lo planeé. Como dije aquella tarde de principios de noviembre. Seguro que ni te acuerdas.
Anoche comprendí que en realidad yo no quería eso. Sólo un despertar nuevo cada mañana. Y por eso todo reventó antes de que se hiciera más grande, por eso se abrió la veda, por eso comenzó la huida, como una bandada de patos emigrando al sur.

Y después volví a dormirme.





El otro día les conté a mis pequeños alumnos de tres años una versión de Caperucita Roja Tropical. Porque no pienso renunciar al trópico, por muchas pegas que me ponga el destino, aunque no tenga un duro en mi cuenta bancaria, he hecho el trópico mío hace meses. En el cuento, Caperucita lleva una cesta de mangos, no hay lobo, sino un jaguar, y el cazador es en realidad el malo del cuento, además de un corrupto y malvado especulador inmobiliario.
Reconozco que tuve que improvisar, pero a los niños les encantó.
Que estoy cansada de que siempre paguen los lobos por todo.




Queda un mes exacto para la primavera, y hasta entonces seré como un lobo que huye, como un pato que emigra al sur, como el jaguar que ruge en la selva aguantando la lluvia.
Cuando despunte el sol esto habrá sido como un mal sueño. Y todos los días serán tan buenos como el que deseo ahora mismo, todos los semáforos estarán en verde y la puerta de mi casa será el Sur puro.

Aunque creáis que estoy en un bosque, casi estoy en la selva. No me queda nada.

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