jueves, 14 de febrero de 2013

Tocado y hundido



Huída nº4


Le dije a los quitapenas que barrieran un recuerdo mientras dormía, pero lo cierto es que he vuelto a soñar con siluetas de enormes palmeras, recortadas sobre un cielo que viraba del azul cerúleo al celeste, mientras yo corría a toda velocidad detrás de un autobús. Me había dormido, esa era la explicación. Me había dormido en el autobús y por alguna extraña razón ya no estaba en casa, no estaba camino de mi habitación, no sé si era Barcelona o Malibú, pero los pájaros volaban en bandada atravesando el cielo del atardecer y yo no podía permitirme perder ese autobús, aunque antes me había quedado dormida en uno de sus asientos. No conseguía ver ni si quiera qué número era. Tenía que volver a casa, volver a alguna parte, no quedarme en medio de la carretera. Pero finalmente me agotaba y me rendía, y el autobús pasaba como una exhalación y cerré los ojos. Vi un mapa arrugado y supe que ya no podría volver atrás.
Les dije que barrieran los recuerdos innecesarios, pero llevo dos noches de sueños en los que el viento me da en la cara hablándome de la inmensidad.
Igual no son tan innecesarios, o es que tengo que ir buscando un secreto que se esconde en alguna palmera de este planeta.
Las palmeras y el cielo desde el Pacífico…

Me he comprado un reloj despertador con forma de corazón rojo que me ha sacado del sueño con un estruendo nada poético.

Cupido, ve a darle con tus flechas a otro.


 





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