sábado, 20 de julio de 2013

La red sobre el abismo



Aunque me haya enfadado con el tiempo, aún te echo de menos muchísimo. Porque desde que ya no estás, me siento mucho más sola. Tengo la impresión de que los demás no me entienden, y yo ya no me esfuerzo por intentarlo. En esta batalla, tu serías mi única aliada, pero no estás, y soy un soldado solitario que a veces, se deja ganar.

A veces ni me importa, y dejo de justificarme. Cuando te marchaste, desapareció el único ejército que lucharía por nuestra causa. Las únicas filas a las que me he adherido.
Sólo tú escucharías mis planes, y puede que los comprendieras. Ahora es como gritarlos en una cueva angosta y oscura. Y además, comprendo que siempre fue un poco así, que sólo fuiste tú la negociadora que trató de sentar las bases de la convivencia. Todos consideran muy bonito tener una artista en su palco: hace dibujitos, da opiniones perspicaces y posee una sensibilidad de la que siempre se puede hacer alarde en las reuniones. Pero eso no sirve para nada. No estás engrasando la maquinaria capitalista, no eres nada. Sólo un peón, con una intensa vida interior, eso sí. Pero nada más. Tanta progresía para que ahora te hablen de eficiencia...
Quizá con tu aliento de vida, costaría mucho menos tomar una decisión. Eras la pantalla que filtraba la violencia de la vida real. Mi red de seguridad sobre el abismo.

Como homenaje a ti, trato de no escuchar las voces de desánimo, construirme una coraza para no reventarme en la caída. Es tan difícil, madre, es tan complicado permanecer estoica entre todo este jaleo...

Ayer pensaba, 58 años, qué mayor. No, no serías tan mayor, lo que pasa es que nunca te vi con esa edad, y me quedo pasmada al imaginarlo.
Cinquante-huit.
No es posible.

Sé que saldré de esto, pero igual me hacen falta otros cinco años más, y para entonces, mi coraza será la de un coleóptero, lo suficientemente dura como para no romperme todos los huesos en la caída. Necesito la coraza, porque ya no tengo red. Podré así levantarme con tranquilidad y volver a subir al trapecio, porque no pararé hasta que no consiga la acrobacia perfecta.
Te juro que no pienso parar.

Feliz cumpleaños, madre, red de seguridad sobre el abismo, que un buen día, se rompió.

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