jueves, 10 de octubre de 2013

HSP (Malos tiempos para los sensibles)



Nunca menosprecies a un sensible.

Te aburrirá su locuacidad, así como las infinitas tonalidades de su sufrimiento.
Sentirás que careces de pedagogía para entenderle y que no soportas su universo.

Te preguntarás cómo siempre recuerda cada palabra, cada dato, cada detalle.
Cómo es capaz de hilar fino en mitad de esa vasta pradera de saber.

Se te atragantarán sus miedos, sus temores y sus fobias.
No entenderás sus filias ni sus explosiones de gratitud.

Te agobiará y te exasperará cada lágrima que derrame
te agotará hasta la extenuación su voracidad emocional.

Pero recuerda que los sensibles son esa extraña clase de animales
que son capaces de descongelar la nostalgia para convertirla en futuro.
Ese minoritario colectivo encargado de refractar un rayo de sol
y poder desglosarlo en arco iris.

De la lengua de los sensibles nace el hilo con el que se tejen los sueños
brotan las raíces que sujetan los refugios.
Esa extraña raza que se rompe con sólo tocarla
que no posee pantalla para tamizar la violencia.

No menosprecies a los sensibles, no los maltrates
tienen una vida muy dura intentando mimetizarse
tratando de parecer uno más 
disimulando ser un pasajero distraído.

Cada día libran una dura batalla
pues es duro distinguir tantos matices de gris.
Ascender y descender por las escalas
como los dedos del pianista bailan sobre el teclado.

A veces es normal odiar a los sensibles.
Nadie dijo que fuera fácil permanecer impasible bajo la lluvia de estrellas fugaces.



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