lunes, 28 de octubre de 2013

Inmensidad / Intensidad


Un buen día del año 2003 o 2004 escribí "A veces siento momentos de inmensidad".
Lo pronuncié en voz alta, y mi novio por aquel entonces, se rió, como hacía con muchas de las cosas que yo pensaba. Lógicamente, le parecía una tontería.
Inmensidad. 
No había sabido definirlo mejor. Sé que se me ocurrió una mañana de sol, mirando por la ventana. 
Ocurre en esos instantes fugaces en los que no puedes atraparlo. Sucede pronto por las mañanas, o bien una tarde, cuando no lo espero. Mirando hacia arriba, la silueta de un árbol recortado contra el cielo, las motas de polvo flotando en el aire, o debajo del agua, al abrir los ojos y sentir las burbujas de aire que ascienden…es como si mi espíritu huyera como vapor en mis sueños.
Ayer tuve uno de esos momentos en los que necesitaba encontrarlo. Eran apenas las cinco y media de la tarde, pero no podía soportar la idea de irme a casa. Eché a caminar con dirección al norte. Me decía a mí misma, voy a salir de aquí caminando, voy a llegar hasta un lugar donde pueda ver el sol, antes de que se oculte, voy a llegar hasta el final de esta ciudad.
Terminé, efectivamente, sobre un cerro en la Dehesa de la Villa, observando el cielo llameante, feliz por haber conseguido llegar a tiempo, contemplando Madrid desde ese rincón en el que me veía capaz de tener un pedazo de sol entre mis manos.



Volví a casa dos horas después, agotada y pensando en esos arrebatos en los que, por alguna razón que sigo sin entender, tengo que salir corriendo en busca de algo que recordaré durante mucho tiempo.
El mundo se desmorona, pero he conseguido identificar los momentos en los que viene una ráfaga de aire que podré sentir como un vendaval de primavera.

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