lunes, 24 de marzo de 2014

Valiente



No soy una ramita torcida. Ahora soy un árbol. Pasará mucho tiempo hasta que pueda echar hojas, y quizá soy un sauce llorón y no un roble o un abeto, pero me alegro de crecer al sol, de crecer fuerte, por mi cuenta.

Es la primavera más prometedora por la simple razón de que estoy cambiando. Aunque nadie se esté dando cuenta, aunque haya gente que siga pensando que nada cambia y que todo es inmutable. Es igual, porque yo miro atrás y sí que veo que ya nada es igual.

Ha sido un cambio espectacular en seis meses. He movido tanto las fichas que me cuesta recordar cuál era su posición original. Hay días en los que estoy asustada, porque el deseo es ese dragón amenazante que de vez en cuando se pasa por tu torre a recordarte tu fragilidad. pero ese dragón no echa fuego por la boca. Ni siquiera tenía dientes.

No voy a volver atrás, pero estoy guardando un huequito de memoria para no perder del todo algunos trocitos de vida que había decidido tirar a la basura.
Ni siquiera va a doler.

Salta, valiente.

sábado, 15 de marzo de 2014

So passé



El deseo exige la necesidad de conquistar un objetivo, acompañado de razones que escapan a toda lógica. 
Una vez conquistado, ese objetivo pierde interés, la voracidad se apaga.
Eso es el deseo.

En realidad el tiempo se pliega como el papel preparatorio de un cadáver exquisito.
El hilo es el trazo del dibujo, que cuaja de paradojas la narrativa.
El aprendizaje es tomar conciencia de esas capas que se superponen y conseguir manejarlas para que no se arruguen demasiado.
A veces la serendipia consigue hacer que resbalen la una contra la otra, sin que chirríen. Es el engrasado de la realidad.

Ya no hace falta condescendencia. Ya he estado en rehabilitación.

Nunca uno espera caer en la adicción del deseo. En realidad está tan pasado de moda...

lunes, 10 de marzo de 2014

Huracán



Es difícil fagocitar todas las sensaciones del mundo como yo deseo.
La voracidad es demasiada, y a veces acaba por engullirme. 
Lo hará si no tengo cuidado.

sábado, 8 de marzo de 2014

Una larga tormenta


Hay historias que merecen una segunda parte.

Ahora que ha salido el sol, se ha forzado a volver a sonreír. 
Hay venenos que tienen efecto retardado, hay antibióticos de alto espectro, que destruyen todos los microorganismos que encuentran, sin distinción.
Ella recibió esa medicina durante mucho tiempo.

Cuando volvió a Madrid y vio que había salido el sol, despertó la primera mañana en una casa que no era la suya y pensó "esto ha sido una larga pesadilla que hoy ha tocado a su fin".

He oído que lo que se recuerda con el tiempo no son los golpes ni las bofetadas, que no hace falta que te revienten el bazo para sentirse destrozada, que todos son susceptibles de caer en adicciones a la cocaína, al alcohol, a las compras compulsivas o a las relaciones violentas.
He escuchado que a algunas les va la marcha, que se lo tienen merecido, que no saben lo que quieren, que se buscan los problemas porque son adictas a las emociones tóxicas.
He sentido que tenía un censor instaurado en su cabeza, que le decía lo que estaba bien y lo que no. Que no aprobaba nada de lo que pensaba.

Es una chica bien educada. Es inteligente, y sin embargo, no pudo evitar caer en aquello. Tampoco conocía otras opciones.
Sólo mantuvo cerca a aquellos amigos a quienes no les había hablado del tema.

Un día tuvo que salir corriendo de una casa, llena de golpes invisibles.
Le pidió que no rompiera el dibujo que le había regalado, que no lo rasgara en pedazos.
Lo hizo. Sólo porque ella le pidió que no lo hiciera.
Dijo que el dibujo era una mierda, igual que ella.
Ella juró que no le había engañado, que nada de lo que decía era verdad, pero al siguiente minuto comprendió que no tenía que defenderse, sino protegerse.
Nunca una huida estuvo tan justificada.

Sólo se lo dijo a cuatro personas, entre ellas, a mí. Le daba vergüenza ir a manifestaciones feministas y después aguantar aquello cada fin de semana.

Ahora se está recuperando. Tiene miedo de no poder tener hijos. Como ejercicio para desaguar su cerebro, escribe tres páginas diarias de lo que se le pasa por la cabeza. Desea irse lejos. Sufre mucho, pero es optimista, y está decidida a cambiar.
Dice que prefiere estar sola a esperar eternamente una promesa de amor que al final, nunca se había cumplido.

Hay historias que se merecen una segunda parte.

Pero esta, desde luego, no.