lunes, 24 de marzo de 2014

Valiente



No soy una ramita torcida. Ahora soy un árbol. Pasará mucho tiempo hasta que pueda echar hojas, y quizá soy un sauce llorón y no un roble o un abeto, pero me alegro de crecer al sol, de crecer fuerte, por mi cuenta.

Es la primavera más prometedora por la simple razón de que estoy cambiando. Aunque nadie se esté dando cuenta, aunque haya gente que siga pensando que nada cambia y que todo es inmutable. Es igual, porque yo miro atrás y sí que veo que ya nada es igual.

Ha sido un cambio espectacular en seis meses. He movido tanto las fichas que me cuesta recordar cuál era su posición original. Hay días en los que estoy asustada, porque el deseo es ese dragón amenazante que de vez en cuando se pasa por tu torre a recordarte tu fragilidad. pero ese dragón no echa fuego por la boca. Ni siquiera tenía dientes.

No voy a volver atrás, pero estoy guardando un huequito de memoria para no perder del todo algunos trocitos de vida que había decidido tirar a la basura.
Ni siquiera va a doler.

Salta, valiente.

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