domingo, 20 de abril de 2014

Cierra siempre bien tu pequeño mundo


He heredado tus ojos, tu nariz, tu boca y tus orejas. También la forma de los brazos y muchos de tus lunares. Mi dentadura es casi idéntica a la tuya, y y por ello, la sonrisa. 
No he heredado tu pelo, que era más liso y dócil que el mío, ni el pecho, ni la forma de las caderas. Mido unos centímetros menos que tú, en algunos aspectos, la genética hizo trampa. Tengo la cara mucho más redonda y un hoyuelo en la barbilla. Las manos y los pies son muy similares, pero un poco menores en tamaño. Tu cuello era más cercano al de un cisne que al de un patito, como el mío. Tu altura te aportaba esa elegancia que mucha gente recuerda, mientras que yo no paso de pizpireta.

Ay, cómo os parecéis...
Casi nunca nos lo dijeron, ¿verdad?

Otro 20 de abril. Me he despertado relativamente pronto y bien. Luego me he dado cuenta de que he soñado contigo. Creo que estábamos en una reunión familiar, y tú aparecías, pero no me mirabas. Teníamos que ir a alguna parte. “Hay varios coches, ¿con quién va cada uno?”, oía a una voz. “¡Yo con mamá!”. Y no paraba de decir “Mamá, mamá, mamá”, para ver si a fuerza de repetirlo, no te desvanecías.

Es la primera vez en estos años que el 20 de abril cae en domingo, como aquel día.
Domingo de resurrección. Qué paradoja.

Fue a la una de la tarde. Estaba entrando por la puerta, y te fuiste. Creo que lo hiciste a propósito. Igual que el hecho de que fuera domingo. Querías ser tan exacta con los plazos. Cerrar el círculo. Yo llegaba tarde, como siempre, como si lo supieras, entraba por la puerta, y te apagaste.

Y de golpe, ya no tenía madre.

¿Cómo es posible?

Me he construido tanto en base a tu ausencia que ya no imagino como sería si estuvieras aquí. Sería otra Lucía. Quizá llorara menos, o quizá para otras situaciones me mostraría más débil. Puede que relativizara menos otras pérdidas, o puede que me recordaran menos a la tuya. No le dedicaría tanto tiempo a ese enorme hueco que tengo en el pensamiento, esa colosal falla en el recuerdo. Quizá no estaría enfadada contigo como he estado. Quizá no te llamaría todos los días. A veces sigo llamando, pero sé que no vas a contestar. Cada vez me pasa menos. Seis años son suficiente para darme cuenta de que las compañías telefónicas no comunican con el otro lado.

Ya eres un recuerdo tan lejano que a veces no sabría qué decirte. Creo que no me reconocerías. Ya soy tan distinta gracias o por culpa de esto… ahora sé que la carencia me ha modelado para ponerme aquí de pie, para que pueda soportarlo. 
A veces aún lloro de verdad, pero cada vez menos.

Y aunque ya odiaba los domingos, ahora es aún peor. Es el día de la pérdida. Desde entonces, los domingos son una huida hacia delante, en busca de algo que hacer, para no caer en la misma pena del primer año. Cómo lloraba, madre, no sabes cómo lloraba, la de kilos que perdí de llorar. Los primeros domingos no sabía dónde meterme. Nunca quiero volver a casa, porque no quiero quedarme sola, no quiero quedarme con mis pensamientos, y tengo que ir al cine, o al teatro, o a algún concierto, pero no puedo quedarme en casa. Gracias a esta desbandada he descubierto decenas de películas. He recorrido Madrid a pie, buscando el sol, con la música sonando, a paso frenético, para no detenerme a pensar. Las estaciones vuelan, pero cada domingo tiene la silueta de tu cuerpo recortada contra el paisaje del olvido. La arquitectura de los días de primavera se erige como una estratagema para olvidar que ya no estás.

Ya no recuerdo cómo eran los domingos cuando estabas tú. Se abrió la falla y no puedo pasar al otro lado. No me acuerdo. Creo que para ser feliz, hace falta no saberlo.

Escribir en este día es difícil, porque quiero decirlo todo con palabras, y las palabras a veces se quedan pequeñas y escasas para definir lo que supone tu desaparición.

Vivir sin ti, madre, es como vivir con un solo pulmón. Es difícil, pero posible.
Cerraré bien mi pequeño mundo.
Tendré que vivir a este lado, si quiero olvidar y estar callada.


Chus Gª Revuelta. 20 Julio 1955 – 20 Abril 2008


lunes, 7 de abril de 2014

Canción de amor de la joven indie



"Las bibliotecas arden por dentro,
No lo consigo, no alcanzo el extremo
Incandescente es el conocimiento
Pero lo cierto es que estoy sin aliento.

Como quisiera ser una de esas chicas sin problemas
Sin cicatrices que disimular
Cómo quisiera que te dieras cuenta y me escribieras
Mi muro está entero por rellenar"

Pues lo he hecho. Ya está.


martes, 1 de abril de 2014

Eso no lo sabes, no lo sabes tú



"Sé que no tengo que decirlo, 
pero es que los días son tan largos 
cuando el cielo se nubla, cuando vuelve la lluvia...

Me asusto por añorarte, pero se parece tanto
a aquellas noches en que salíamos 
nos queríamos (en todos los bares)

Si hubieras estado aquí, no me hubiera fijado en ti.
Habría salido corriendo, como hacía siempre 
que parecía que todo iba a ir bien.

Me acuerdo del colegio que yo encontraba feo
recuerdo el beso del hombre muerto
el paraguas roto y las jirafas que lloran

Echo de menos viajar en el Alvia
y llamarte cuando quedaba poco,
para llegar a casa, a nuestra casa."