viernes, 27 de febrero de 2015

El bovarismo te sienta fatal



Se supone que debería estar triste.
Se supone que debería sentirme acabada.
Se supone, pero creo que no ocurre, porque ya ha ocurrido otras muchas veces y puede que vaya creando una especie de coraza que ya me impide sorprenderme.
Me he dado cuenta de que sé muy poco sobre cómo reaccionar en estos casos.
El otro día se lo decía a unas chicas con las que viajé en coche compartido. De pronto, un buen día, tu vida se derrumba, pierdes a alguien para siempre, y te das cuenta de que no sabes cómo debes reaccionar. Nadie te ha enseñado a reaccionar ante una muerte, o ante una desgracia. ¿Debes llorar en público? ¿Debes decirle a los demás cómo te sientes? ¿Debes compartirlo? Sé sumar y restar, leer y escribir, pero no tengo ni idea de qué debo hacer, y todo el mundo se empeña en no explicármelo. Yo que soy de las que quiere entenderlo todo.
Se supone que debería estar triste, y creo que realmente lo estoy, pero mi tristeza no difiere mucho de la de la semana pasada, cuando aún no le había perdido.
Sé que me desperté después de una noche muy larga, de esas en las que apenas duermo por la ansiedad, que me preparé un café, y como de costumbre, apenas desayuné nada sólido. No quise ir a nadar, me quedé en la cama hasta bien entrada la mañana, miré mis perfiles en redes sociales, me di una ducha y luego me corté el flequillo yo misma. El trabajo por la tarde fue satisfactorio, y más adelante, volví a beber café delante de la pantalla del ordenador.
Supuse que la vida ahora iba a ser distinta, y que esta vez es la definitiva. No me pareció más grave que otras veces. Sólo siento que estoy inmersa en una profunda apatía. Más que tristeza, es apatía. Podría pasar el resto de mi vida envuelta en un edredón. Empieza a brillar el sol y huele a primavera. Siento que Madrid se transforma en una ciudad fantasma en las que las pequeñas tiendas que veía desde que nací van muriendo una a una, afloran los locales vacíos y mucha gente a mi alrededor saca un billete de sólo ida. Me he declarado en huelga de ferias de arte, aunque trato de volver a tensar papeles y a probar nuevos pinceles. Las calles tienen el hedor putrefacto de nuevas leyes que apenas se acuerdan de personas, sino sólo de cifras.
Se supone que debería estar triste, pero soy una ignorante que no sé cómo reaccionar.

Se supone que debería sentirme mal, pero sé cortarme el flequillo yo misma.