domingo, 14 de febrero de 2016

Mi madre era una hipster (dedicatoria de San Valentín)


Supongo que siempre lo he sospechado, pero ayer, hojeando “Vida Indie”, ilustrado por Ricardo Cavolo, ya lo tuve claro del todo.
Mi madre era una protohipster. Os podéis reír, pero los que ahora me llamáis a mí moderna, claramente no tenéis ni idea de cómo era mi madre, y si la hubierais conocido lo entenderíais.
Mi madre estudió filología inglesa y tenía en casa la colección casi completa de los clásicos de Penguin. Ahora todo el mundo se dedica a decir lo guapa y elegante que era, pero yo he terminado descubriendo con los años la cantidad de libros que había devorado, sin que en su actitud hubiera la más mínima pedantería. Si leía a Joyce en versión original, nunca lo hizo saber a su alrededor. Hablaba inglés con un acento fronterizo entre el de la BBC y el posh de Chelsea, lo menos. Y es que no era pija ni nada, mi madre. En 1980 ya circulaba con bicicleta (la gente la miraba como a una marciana), pero no una bici cualquiera, sino una francesa monísima y que le debió de costar un ojo de la cara. Más tarde descubrió que Carolina de Mónaco tenía una igual. Mi madre se había criado en Moratalaz, así que tampoco es que tenga mucho sentido esa especie de pijerío de gauche que arrastraba, pero serlo (igual exagero) no le impedía pringarse en actividades que jamás hubiera imaginado. Con veintidós años estaba en Londres trabajando de camarera (explotada, decía ella), con veintisiete pudo hacer un curso intensivo con ahorros propios, con treinta ya tenía dos hijos pequeños y con treinta y nueve se lió la manta a la cabeza y se marchó a India. Porque mi madre practicaba yoga, claro, como buena hipster que era, cuando muy pocos habían oído hablar del yoga, y por supuesto, ella no podía quedarse en la simple práctica, no, ella tenía que sacarse un certificado e impartir clases, llegar al extremo. No era perfeccionista ni nada, mi madre. Poco antes se había hecho vegetariana, de tal manera que con once años yo ya comía cosas como tofu, cereales integrales, verduritas bio y leche de soja. Ahí es nada. Nosotros la llamábamos "la hierbas", pero es que encima a ella le encantaba, porque todo hay que decirlo, sabía reírse de sí misma como nadie. Durante una temporada que estuvo en paro, se dedicó a hornear bizcochos y pasteles de manzana, aprendió a hacer punto de cruz y a tejer jerseys, preparaba su propio yogur y tortilla de patatas para ir de picnic los domingos. Era pija con ganas, pero se compró una furgoneta antes que un coche elegante, para así poder llevar trastos de un lado para otro y poder viajar más cómoda. La vi maquillada por primera vez para una boda cuando yo contaba con once años. Jamás la vi con tacones. Bueno, sí, una vez le pedí que se probara unos que yo me había comprado en un mercadillo. Medía casi diez centímetros más que yo y no me di cuenta de que era más alta que mi padre hasta que no me lo comentó alguien de fuera. Me llevó a un concierto de Blur cuando yo estaba en 8º de EGB (la pobre). Un día, tras un pequeño accidente de tráfico en ciudad, pude ver con mis propios ojos como un policía nacional le tiraba los tejos. Ella no podía parar de reír.
Quizá estoy exagerando un poquito con lo pija que era, pero hipster era un rato. Al final de su vida, soñaba con retirarse en una pequeña casita con huerto en medio del monte, cuidando su delicada salud y criando a gallinas. Una enfermedad muy fea se la llevó cuando apenas había pasado el medio siglo, y es una pena, porque estaba aprendiendo todavía cosas nuevas; estudiaba francés y alemán, y quería volver a India. Si siguiera entre nosotros a día de hoy, todos la llamarían la mami molona, y yo le grabaría discos de grupos americanos con cantantes barbudos, nos prestaríamos libros de Blackie Books, nos intercambiaríamos recetas de smoothies y me regalaría otra bufanda tejida por ella misma. Seguramente vestiría camisetas de rayas y camisas de cuadros. Puede que me la llevara de vermuts e hiciéramos excursiones al monte en época de no polinización. Tomaríamos té con leche (no de cualquier marca, claro, ella sólo tomaba PG tips) y probablemente nos reiríamos mucho de Maria Dolores de Cospedal, que es la persona más opuesta a mi madre que se me ocurre.


Mi vida en general es muy divertida, pero creo que si ella estuviera, lo sería muchísimo más.

No hay comentarios: