sábado, 20 de abril de 2019

Pequeña Pluma. Polvo de estrellas.


Hola, Madre.

Hoy es 20 de abril. Hoy cumplimos la undécima primavera sin ti.

Madre, no estás y ya no tenemos toda la vida por delante.

Hoy hace once años que respiraste por última vez y yo sigo escribiéndote.

Hoy hace once años que no vuelves a casa.

Hoy hace once años que la vida cambió de rumbo y aprendimos a navegar sin brújula.

Te he pintado cien veces y te he nombrado quizá más de un millón. Sigo dándome cuenta de que no te puedo dar las buenas noticias justo después de haber pensado en llamarte. Cuando camino por la Ronda de Atocha al volver del trabajo, sigo recordando ese día exacto, en ese mismo instante en el que pasaba por debajo del Reina Sofía, en el que me di cuenta de que ya no podría caminar contigo de la mano. Nunca creí que un pensamiento podía doler tanto. Porque en ese minuto, lo único que deseaba en el mundo era eso. Agarrarte y caminar a tu lado. No sabía lo importante que era hasta que supe que iba a perderlo.

Hace once años que te convertiste en polvo, y cae en sábado de Gloria.

Te fuiste justo cuando empieza la época de nísperos. Es tan cortito ese tiempo, y tú ese año te lo perdiste.

Lo que ocurrió ese 20 de abril no tenía reparación.

La vida pasa a la velocidad del rayo y al final aprendimos a manejar esa ausencia. Seguimos levantándonos, seguimos construyendo sin plano definido. Estamos bien, pero estamos cansadas, y este año sólo queremos disfrutar del silencio.

Sólo quiero hablarte a ti, susurrando.

Aún no he tirado la blusa que me puse en tu funeral.

A veces hago listas mentales de lo que podríamos estar haciendo ahora.
Podríamos estar brindando con un doble de Mahou en cualquier terraza de Madrid; mis amigos te conocerían y entonces sabrían de quién he heredado el gusto por la cerveza. Podríamos estar mirándonos con media sonrisa sabiendo lo que está pensando la otra. Podríamos estar viendo las noticias e indignándonos a la vez con los debates electorales. Podríamos estar comiendo torrijas. Podríamos estar escuchando a los Beatles y visitando la sierra algún fin de semana. Podríamos construir un relato nuevo. Podríamos hacer que este relato no acabara.
Podríamos. Primera persona del plural.

Madre, ahora eres vapor de agua, carbono, nitrógeno, calcio, fósforo, la materia de las estrellas.

Mamá, Pequeña Pluma, rayito de luna, tú no lo sabes, pero te estoy escribiendo un cuento. No tiene nombre aún, no sé por dónde va a ir, pero es sobre ti y es para ti. Va a tener dibujos. Y quiero que sea tan bonito que sé que me va a costar un montón. Quiero pintarlo todo, desde el león durmiendo en la selva a los pulpos de colores batiendo en el espigón.

Quiero cambiarle el final a ese relato, quiero hacer lo que no pudo ser. Quiero que nunca se acabe, quiero que nunca se apague.

Fíjate si me gusta poco decir adiós que sólo te dije hasta luego.

Mamá, amor en nebulosa, mi constelación preferida, la que nunca se extinguirá. Te fuiste un poco lejos, pero nada te va a borrar. Nunca.

Chus Gª Revuelta. 20 Julio 1955 – 20 Abril 2008